

Hoy lunes 12 de mayo, en medio de crecientes temores de recesión global por la escalada de la guerra comercial, Estados Unidos y China anunciaron en Ginebra un pacto para reducir temporalmente sus aranceles por un período de 90 días. Según el comunicado conjunto, Washington rebajará sus gravámenes sobre productos chinos del 145 % al 30 %, mientras que Pekín disminuirá los suyos sobre bienes estadounidenses del 125 % al 10 %. Durante este lapso, ambos países se comprometen a reiniciar negociaciones “sinceras y profundas” con el objetivo de alcanzar un acuerdo más amplio que dé solución definitiva a sus diferencias comerciales.
Las negociaciones en Ginebra
Las conversaciones se llevaron a cabo en una villa histórica bajo fuerte custodia suiza, donde delegaciones encabezadas por el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, y el viceministro chino He Lifeng se reunieron durante más de doce horas. Ambos representantes insistieron en que “ninguna de las partes desea una disociación” económica y defendieron la idea de un comercio “más equilibrado” como vía para fortalecer lazos y evitar daños colaterales en sus respectivas economías. Asimismo, acordaron establecer un mecanismo de seguimiento que supervise el cumplimiento de los compromisos alcanzados y sirva de plataforma para futuros diálogos bilaterales.
Reacción de los mercados
La noticia provocó un rebote inmediato en los principales índices bursátiles y en el fortalecimiento del dólar. Según datos recopilados, los futuros del S&P 500 subieron más de un 3 %, acompañados de fuertes ganancias en el Dow Jones y el Nasdaq; las bolsas asiáticas también cerraron al alza. Por su parte, el índice dólar repuntó, y los precios del petróleo registraron incrementos cercanos al 3 % tras disiparse los temores de interrupciones en las cadenas de suministro markets.businessinsider.com.
Análisis de expertos
Desafíos y perspectivas
El pacto expira el 10 de agosto, y la gran incógnita es si ambas partes podrán cerrar un acuerdo definitivo antes de esa fecha. Persiste la duda sobre el alcance real de las negociaciones: ¿incluirán temas de transferencia tecnológica, subsidios estatales y propiedad intelectual, o se limitarán a ajustes arancelarios? Además, el contexto político interno en EE. UU. —con un Congreso fragmentado y presión de sectores industriales— podría limitar la flexibilidad de la Casa Blanca. En China, el gobierno también deberá gestionar expectativas entre exportadores que temen posibles represalias o nuevas restricciones.
En definitiva, esta tregua de 90 días ofrece un respiro muy necesario para las economías y los mercados globales, pero advierte que la “guerra de los aranceles” no ha terminado; solo ha entrado en una fase de relativa calma. El éxito de esta ventana negociadora dependerá de la capacidad de ambas potencias para traducir el alivio temporal en compromisos estructurales y sostenibles.
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