
LIMA — En el tablero del comercio exterior y la alta gerencia corporativa, la eficiencia logística ya no es una ventaja competitiva opcional, sino una cuestión de supervivencia. Mientras los mercados globales exigen tiempos de entrega más cortos y costos optimizados, el Perú avanza de manera acelerada en la reconfiguración de su infraestructura estratégica. Según los últimos reportes oficiales del Organismo Supervisor de la Inversión en Infraestructura de Transporte de Uso Público (Ositrán), la ejecución de los megaproyectos concesionados ha superado el 57% de avance contractual, inyectando más de US$ 2,300 millones frescos en terminales portuarios, aeropuertos y redes viales.
Este despliegue de capital no solo representa concreto, grúas y movimiento de tierras; encarna una reingeniería profunda de la cadena de suministro que impacta de manera directa a los operadores logísticos, holdings agroexportadores y empresas de manufactura que operan en territorio peruano. Para los ejecutivos de C-Level, el desarrollo de estos corredores modernos alivia los históricos cuellos de botella que encarecían el costo por tonelada exportada.
Para entender la magnitud de este ciclo inversor, es necesario mirar los indicadores de ejecución física. Verónica Zambrano, presidenta del Consejo Directivo de Ositrán, destaca que el ritmo de inversión en los grandes proyectos bajo asociaciones público-privadas (APP) ha demostrado una resiliencia inusual frente a las vicisitudes políticas. “Los inversionistas internacionales y los operadores globales mantienen su confianza porque las reglas contractuales se respetan y la demanda subyacente de nuestros principales centros logísticos continúa expandiéndose de manera sostenida”, señala Zambrano, subrayando que la supervisión técnica garantiza que las obras se traduzcan en capacidad operativa real para el mediano plazo.
Desde la perspectiva del comercio exterior y la estrategia gremial, el impacto es igualmente contundente. Alfonso Bustamante, expresidente de Confiep y experto en desarrollo industrial, apunta que la modernización de los terminales portuarios y aeroportuarios del país era una tarea postergada que hoy comienza a saldar cuentas con la competitividad global. “Ninguna estrategia de exportación de valor agregado o agroindustria avanzada puede sostenerse sobre puertos congestionados o carreteras obsoletas. Esta inyección de capital en infraestructura actúa como un multiplicador automático de la productividad para las medianas y grandes empresas del país”, afirma Bustamante.
El avance superior al 57% en la cartera de infraestructura no opera en un vacío. Su efecto expansivo genera un ecosistema de alta demanda para proveedores de tecnología industrial, sistemas de trazabilidad aduanera, seguridad perimetral y automatización de patios de contenedores.
Los parques industriales ubicados en el entorno de los grandes nodos de transporte —como el Callao, la Panamericana Sur y los ejes viales del norte— reportan un incremento en la firma de contratos de arrendamiento a largo plazo por parte de transnacionales que buscan instalar centros de distribución de última milla. Esta descentralización operativa permite a los corporativos reducir hasta en un 20% sus tiempos de tránsito interno, optimizando sus balances financieros al cierre de cada trimestre.
A pesar del optimismo que genera el flujo de capitales hacia la infraestructura, los estrategas de riesgos de las grandes corporaciones advierten que el éxito de estos megaproyectos dependerá críticamente de la articulación multisectorial. Renzo Rojas, socio de Infraestructura y Finanzas de Deloitte Perú, advierte que el eslabón más vulnerable suele ser la conectividad complementaria de acceso a los terminales.
“El gran reto que enfrentamos ahora no es la obra gris del puerto o del aeropuerto principal, sino los accesos viales urbanos y los anillos periféricos que conectan estos hubs con los centros de producción. Si el Estado no acompaña la inversión privada portuaria con una ejecución eficiente de las vías de articulación local, el riesgo de saturación simplemente se trasladará de los muelles a las carreteras”, explica Rojas.
Con un flujo de inversiones que continúa atrayendo el interés de fondos globales de infraestructura, el Perú consolida su posición como un nodo logístico estratégico en la costa del Pacífico sudamericano. Para la alta dirección empresarial, el mensaje es claro: la mesa está servida para capitalizar esta nueva infraestructura, siempre y cuando las estrategias corporativas sepan integrar la velocidad digital con la eficiencia de los nuevos corredores físicos.
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