Manejo del gobierno revela nueva estrategia de liderazgo para mejorar comunicación, optimizar gestión, y construir confianza con la ciudadanía

La comunicación permanente genera cercanía, pero también aumenta la expectativa. Un ministro que aparece constantemente será evaluado con mayor atención. Una promesa explicada públicamente tendrá mayor presión para cumplirse. Una gestión visible tendrá menos espacio para esconder errores.
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Más allá de los anuncios iniciales, los primeros movimientos del Ejecutivo muestran una apuesta por una comunicación más fluida, un gabinete más visible y una lógica de gestión que recuerda a las grandes organizaciones privadas: construir confianza antes de mostrar resultados.

Haciendo un paralelo: Cuando un nuevo gerente general asume el control de una empresa, nadie espera que transforme la organización en sus primeras semanas. Los inversionistas saben que los resultados toman tiempo. Los grandes cambios requieren decisiones, ejecución y disciplina.

Pero hay algo que el mercado observa desde el primer día: Las señales.

Quiénes integran el equipo directivo?. Quiénes comunican la nueva visión?. Qué problemas decide enfrentar personalmente el líder?. Qué mensajes se repiten?. Qué imagen transmite la organización hacia sus principales grupos de interés?, etc.

Antes de evaluar resultados, el mercado evalúa liderazgo. Algo similar ocurre con un gobierno que recién inicia.

Ahora es posible observar cómo una nueva administración intenta construir una relación con la ciudadanía. Y en los primeros días del gobierno de Keiko Fujimori aparece una característica que llama la atención: una apuesta por la comunicación permanente, la exposición de sus principales funcionarios y la construcción de una imagen institucional orientada a transmitir orden y cercanía.

No se trata únicamente de discursos. Se trata de una forma de administrar la percepción pública.

La primera batalla: recuperar confianza

La confianza es probablemente el activo más difícil de recuperar para cualquier organización. Una empresa que pierde la confianza de sus clientes o inversionistas puede tardar años en reconstruir su reputación. Un gobierno enfrenta un desafío aún mayor: recuperar la credibilidad de millones de ciudadanos que han visto durante años una sucesión de crisis políticas, enfrentamientos institucionales y promesas incumplidas.

Por eso, los primeros días de una administración tienen un valor simbólico. No porque definan el resultado final, sino porque muestran la forma en que un liderazgo entiende el desafío.

En ese contexto, una serie de escenas comenzaron a repetirse.

La presidente incrementó su presencia en redes sociales, utilizando sus propios canales para comunicarse directamente con la población. La estrategia rompe con una tradición en la que buena parte del mensaje presidencial dependía de los medios tradicionales y de la cobertura posterior de sus actividades.

Esto no significa que la prensa pierda relevancia. Los medios continúan cumpliendo un papel indispensable: investigar, fiscalizar y hacer las preguntas que el poder muchas veces preferiría evitar. Pero el escenario cambió.

Hoy los gobiernos, al igual que las empresas, construyen canales propios para relacionarse con sus públicos. La comunicación dejó de ser únicamente una herramienta para informar.  Se convirtió en una herramienta para gestionar confianza.

Un gabinete que busca tener rostro

La segunda señal aparece en el comportamiento del equipo. Mientras Keiko mantiene la conducción política, sus ministros han comenzado a ganar presencia pública desde sus respectivos sectores.

El presidente del Consejo de Ministros, Luis Galarreta, asumió rápidamente un rol visible como articulador político y vocero del Ejecutivo. En el sector Salud, el ministro Dyer optó por iniciar su gestión con recorridos e inspecciones en establecimientos, mostrando una presencia directa en el terreno.

Cada escena, por separado, podría parecer parte de la rutina de cualquier nuevo gobierno. Pero juntas transmiten un mensaje. El Ejecutivo parece buscar que cada área tenga un responsable visible, capaz de comunicar, responder y asumir públicamente la conducción de su sector.

En el mundo empresarial, ese modelo tiene un nombre: liderazgo distribuido. Las grandes organizaciones no dependen únicamente de su gerente general. El CEO establece la visión, pero cada director y cada gerente representa una parte de esa visión frente a sus propios grupos de interés. Esa parece ser la lógica que el nuevo gobierno intenta construir.

La imagen también comunica

Hay otro elemento que suele ser subestimado en la política, pero que las empresas conocen bien: la identidad institucional. La manera en que un líder se presenta, el tono que utiliza, los símbolos que incorpora y la coherencia entre su mensaje y su imagen forman parte de la percepción que genera.

En sus primeras actividades oficiales, la presidente ha mostrado una imagen más sobria e institucional. La elección de prendas elaboradas por diseñadores peruanos también ha sido interpretada como un gesto de respaldo al talento nacional y a una industria creativa que busca mayor reconocimiento.

No se trata simplemente de vestimenta. Se trata del mensaje que acompaña esa decisión. Las grandes compañías invierten enormes recursos en construir la identidad de sus marcas porque entienden que las personas no evalúan únicamente productos o servicios. También evalúan lo que una organización representa.

Los gobiernos enfrentan un proceso similar. La forma comunica antes incluso de que aparezcan los resultados.

Del conflicto a la gestión

Quizá uno de los aspectos más interesantes de observar sea el cambio de tono. Durante años, la figura política de Keiko Fujimori estuvo asociada, para una parte importante del país, a una etapa de fuerte confrontación política. El enfrentamiento entre fuerzas políticas dominó buena parte de la agenda nacional.

En esta primera etapa del gobierno, el mensaje parece orientarse hacia otro terreno. Menos énfasis en la disputa. Más énfasis en la gestión. Más presencia de funcionarios explicando acciones concretas. Más señales destinadas a transmitir que el Ejecutivo está concentrado en administrar antes que en confrontar.

Desde una perspectiva de marca política, esto puede interpretarse como un intento de reposicionamiento. Pero toda estrategia de reposicionamiento enfrenta una prueba fundamental: la consistencia. Un nuevo tono debe sostenerse. Una nueva imagen debe acompañarse de decisiones coherentes. Un nuevo discurso debe convertirse en resultados. La exposición aumenta la exigencia

Existe, sin embargo, un riesgo en esta estrategia. La comunicación permanente genera cercanía, pero también aumenta la expectativa. Un ministro que aparece constantemente será evaluado con mayor atención. Una promesa explicada públicamente tendrá mayor presión para cumplirse. Una gestión visible tendrá menos espacio para esconder errores.

En las empresas ocurre exactamente lo mismo. Un CEO que comunica mucho transmite liderazgo, pero también asume una mayor responsabilidad frente a sus accionistas. La visibilidad siempre tiene un costo. Y ese costo es la evaluación permanente. Por eso, los próximos meses serán la verdadera prueba del modelo. La ciudadanía observará si las visitas se convierten en mejoras concretas. Si los anuncios económicos generan confianza. Si la coordinación del gabinete produce resultados. Si la comunicación inicial estaba acompañada de una capacidad real de ejecución.

Porque la comunicación puede generar expectativa. Pero solo la gestión genera confianza.

La prueba definitiva

Dentro de un año, probablemente pocos recordarán el primer mensaje presidencial en redes sociales, las primeras entrevistas de los ministros o las primeras apariciones públicas del gabinete.

Lo que permanecerá será algo más sencillo de medir. Si el Estado funciona mejor. Si la economía recuperó dinamismo. Si la inversión encontró mayor seguridad. Si los ciudadanos perciben que sus problemas comenzaron a resolverse. Ese será el verdadero balance.

Las primeras semanas de un gobierno, al igual que los primeros días de un nuevo CEO, no muestran todavía los resultados finales. Pero sí muestran algo importante: la cultura de liderazgo que una organización quiere construir. El nuevo Ejecutivo parece haber entendido una regla que las grandes empresas aprendieron hace tiempo:

La confianza no se anuncia. Se construye. Con presencia. Con coherencia. Y, sobre todo, con resultados.

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