Del 3,4% al 7%: Perú busca salto económico que cambiaría el rumbo del Gobierno convirtiendo la confianza en un ‘boom’ de inversión

CRECIMIENTO_2026

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El BCRP ve una expansión moderada, pero algunos economistas creen que el país tiene condiciones para acelerar con fuerza desde 2027. La clave estará en convertir el mayor optimismo empresarial, la inversión minera, la infraestructura y la desregulación en un verdadero ciclo de inversión. El Gobierno de Keiko Fujimori apuesta a ese giro, aunque el riesgo fiscal y la capacidad de ejecución siguen siendo los principales obstáculos.

Durante casi una década, hablar de un crecimiento económico de 7% en Perú parecía pertenecer a otra época. El país se acostumbró a tasas cercanas al 3%, mientras la incertidumbre política, la baja productividad y el deterioro de la inversión pública fueron reduciendo progresivamente el potencial de expansión.

Ahora, sin embargo, comienza a aparecer una tesis distinta: Perú podría recuperar una velocidad de crecimiento sustancialmente mayor a partir de 2027. No es todavía la previsión oficial del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). Su escenario macroeconómico es mucho más prudente. En su Reporte de Inflación de junio, el BCRP elevó su proyección de crecimiento para 2026 a 3,4%, apoyado en la demanda interna y la inversión privada.

Pero el debate ha empezado a moverse hacia un escenario más ambicioso. Varios economistas, entre ellos, Melvin Escudero, presidente y CEO de El Dorado Investments, sostiene que Perú podría crecer entre 5% y 7% durante 2027 y 2028. Su argumento no parte de un milagro estadístico, sino de una combinación de factores: mayor confianza empresarial, espacio para una política fiscal expansiva, inversión privada y un potencial ciclo de inversiones que podría ser especialmente relevante en minería e infraestructura.

La pregunta, entonces, no es si Perú crecerá 7% automáticamente. La pregunta más relevante es otra: ¿qué tendría que ocurrir para que el país pueda acercarse a ese ritmo?

Del 3,4% al 7%: la brecha que debe cerrarse

El escenario del BCRP y el escenario de Escudero no son necesariamente contradictorios. Representan horizontes distintos. El 3,4% es una estimación de crecimiento para 2026 bajo condiciones conocidas. El 5%-7% planteado por Escudero supone que la economía puede experimentar una aceleración importante durante los siguientes años.

Para que ello ocurra, Perú necesita abandonar definitivamente el patrón de crecimiento basado casi exclusivamente en el rebote de sectores primarios y pasar a uno sustentado en inversión, productividad, infraestructura y expansión del empleo formal.

Ahí aparece una ventaja que pocos países de la región poseen: Perú conserva una posición macroeconómica relativamente sólida y un sector minero capaz de generar enormes flujos de inversión y divisas.

Escudero ha señalado, además, que el elevado precio del cobre y una cartera de proyectos mineros superior a US$63.000 millones podrían fortalecer al sol y convertirse en un importante motor de inversión si los proyectos logran destrabarse.

Ese punto es fundamental. Un nuevo ciclo minero no significa solamente más exportaciones. Significa construcción, transporte, servicios, empleo, compras locales, infraestructura energética y mayores ingresos fiscales. El efecto multiplicador puede ser considerable si el país consigue conectar la gran inversión con proveedores nacionales y pequeñas empresas.

El nuevo factor político

La llegada de Keiko Fujimori a la Presidencia introduce otro elemento en la ecuación. Su programa económico se ha presentado alrededor de tres conceptos: estabilidad, inversión privada y desregulación. Durante la campaña defendió el respeto a los contratos y la propiedad privada, junto con un denominado “shock desregulatorio”. También planteó reducir el déficit fiscal gradualmente y ampliar la base tributaria sin elevar la presión sobre los contribuyentes formales.

Desde el Gobierno, el ministro de Economía, Elmer Cuba, ha colocado el aumento de productividad, la inversión y la generación de empleo entre las prioridades de la política económica. Las medidas anunciadas combinan acciones de corto plazo con reformas destinadas a elevar el crecimiento potencial.

La dirección es económicamente razonable: no se puede alcanzar 7% solamente gastando más. El gasto público puede acelerar la economía en el corto plazo, pero para sostener tasas elevadas se necesita que el sector privado invierta mucho más. Por eso resultan relevantes las iniciativas destinadas a destrabar proyectos, reducir burocracia, facilitar la inversión y mejorar el acceso al financiamiento.

El «shock» de inversión que necesita Perú

El Congreso ya aprobó una ampliación presupuestaria equivalente a unos US$2.800 millones antes de la transición presidencial. Aproximadamente la mitad de esos recursos está destinada a completar obras públicas, mientras otros fondos se dirigen a servicios esenciales, seguridad, remuneraciones y prevención frente al fenómeno de El Niño. La medida puede tener un efecto positivo sobre la actividad, especialmente si los recursos se convierten rápidamente en obras ejecutadas.

Pero aquí aparece la primera advertencia. Gastar más no equivale necesariamente a invertir mejor. Perú ha demostrado repetidamente que puede disponer de recursos presupuestarios y, al mismo tiempo, tener dificultades para ejecutarlos. La verdadera prueba del Gobierno será convertir el presupuesto en carreteras, puertos, hospitales, infraestructura hídrica, colegios, energía y proyectos productivos.

La prevención frente a El Niño adquiere además una dimensión macroeconómica. Los daños potenciales sobre infraestructura, agricultura y pesca podrían convertirse en uno de los principales frenos al crecimiento de 2026-2027. Reuters citó estimaciones de Credicorp Capital que calculan pérdidas potenciales de hasta S/16.000 millones ante un escenario severo.

Paradójicamente, una política agresiva de prevención puede ser también una política de crecimiento: cada sol destinado a evitar la destrucción de infraestructura puede ahorrar varios soles de reconstrucción posterior.

Keiko apuesta por destrabar, formalizar y financiar

El paquete económico del nuevo gobierno también contempla modificaciones destinadas a ampliar el acceso financiero y dinamizar el crédito. Entre las propuestas se encuentra la derogación de la Ley 31143, que estableció topes a las tasas de interés, junto con un nuevo marco para mejorar la información financiera, ampliar productos financieros y fortalecer la inclusión.

La lógica es clara: un mercado financiero con mayor competencia puede facilitar el acceso al crédito, especialmente para pequeñas empresas.

Pero el desafío peruano es mucho mayor. El país tiene millones de trabajadores y negocios informales. Una economía que aspire a crecer 6% o 7% de manera sostenida no puede hacerlo manteniendo una estructura productiva en la que una enorme proporción de empresas opera al margen del sistema tributario, financiero y laboral.

Por ello, las reformas de productividad y formalización serán probablemente más importantes que cualquier estímulo coyuntural.

¿Y dónde están los riesgos?

El escenario optimista tiene cuatro grandes amenazas.

La primera es El Niño. Un evento climático severo podría afectar agricultura, pesca, infraestructura y consumo, obligando al Estado a redirigir recursos hacia la emergencia.

La segunda es el frente fiscal. El Consejo Fiscal ya expresó preocupación por la expansión presupuestaria y advirtió sobre los riesgos de utilizar ingresos extraordinarios para incrementar gasto en lugar de fortalecer el ahorro fiscal.

La tercera es la ejecución. Perú puede aprobar grandes presupuestos y anunciar grandes proyectos, pero el crecimiento solamente aparece cuando las obras se construyen y las inversiones privadas se materializan.

La cuarta, quizá la más importante, es la seguridad jurídica y política. Los inversionistas pueden tolerar impuestos altos, trámites complejos o incluso ciclos políticos difíciles si existe una expectativa razonable de continuidad. Lo que difícilmente toleran es la incertidumbre permanente. Por eso resulta significativa la decisión de Fujimori de pedir a Julio Velarde que permanezca al frente del BCRP. El gesto buscó transmitir continuidad y confianza en la conducción monetaria.

El 7% no se decreta

El escenario de 7% merece entusiasmo, pero no euforia.

Para llegar allí, Perú necesitaría simultáneamente una inversión privada mucho más dinámica, ejecución acelerada de infraestructura, una fuerte cartera minera, expansión de sectores como agroexportación y servicios, estabilidad monetaria y fiscal y, sobre todo, un salto en productividad. La ventaja es que algunos de esos motores ya están presentes.

El precio del cobre ofrece una oportunidad. La cartera minera ofrece otra. La infraestructura pendiente de ejecución representa una tercera. Y la mejora de las expectativas empresariales puede convertirse en el catalizador que falta.

El propio Escudero sostiene que las expectativas empresariales han mejorado significativamente porque los agentes perciben mayor predictibilidad y confianza para invertir. Eso puede ser más importante que cualquier paquete de estímulo. Porque una economía no crece 7% simplemente porque el Estado gasta 7% más. Crece 7% cuando miles de empresas deciden invertir, contratar, producir y ampliar capacidad al mismo tiempo.

La verdadera apuesta

El Gobierno de Keiko Fujimori tiene, por tanto, una oportunidad que sus antecesores no pudieron aprovechar: combinar la estabilidad macroeconómica acumulada durante décadas con un nuevo ciclo de inversión. Pero también enfrenta una paradoja.

El país tiene condiciones para crecer más rápido, pero precisamente por eso la vara de medición será más exigente. Si el Gobierno consigue destrabar proyectos, acelerar infraestructura, mantener disciplina fiscal, reducir trabas burocráticas y preservar la autonomía del BCRP, el crecimiento podría superar claramente el promedio de los últimos años.

Si además los precios de los metales continúan favorables y se ejecuta una parte importante de la cartera minera, el escenario de 5%-7% para 2027-2028 dejaría de parecer una apuesta excesivamente optimista. El 7%, sin embargo, debería entenderse como un objetivo de frontera y no como una proyección oficial.

La economía peruana está frente a una oportunidad de aceleración. Pero entre el 3,4% que hoy proyecta el BCRP y el 7% que algunos especialistas consideran posible existe una distancia enorme. Esa distancia tiene un nombre: productividad.

Y será precisamente la capacidad del Gobierno de convertir confianza en inversión, inversión en empleo e inversión pública en infraestructura productiva la que determine si Perú vuelve a crecer a tasas asiáticas o si simplemente disfruta de otro ciclo de expansión cercano al 3%.

La oportunidad existe. El 7% es posible. Lo difícil será hacerlo sostenible.

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Miguel Ángel Hurtado
Analista Financiero
Experto en ciencias Económicas y Financieras con estudios de Postgrado en la Universidad del Pacífico. Amplio conocimiento y experiencia en periodismo especializado como Editor de Economía y Negocios, y Director de Tecnología, en medios de comunicación -nacionales y extranjeros- de primer nivel. Consultor en Bolsa y Finanzas y Estrategia Comunicacional.

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