Líder regional?: Perú tiene las fichas, pero todavía no sabe —o no quiere— jugar la partida

De exportador de cobre a potencia regional en el tablero geopolítico mundial. La ubicación de Perú en el Pacífico, APEC, la Alianza del Pacífico, Chancay y sus minerales estratégicos le dan ventajas inéditas; el desafío es transformar esos activos en influencia económica.
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La geopolítica abre una oportunidad inesperada para el Perú: convertirse en el puente económico entre América Latina y Asia-Pacífico. Pero para jugar como potencia regional deberá superar sus propias debilidades políticas, institucionales y productivas.

Por años, el Perú ha observado la geopolítica mundial desde una posición aparentemente secundaria: un país mediano, abierto al comercio, rico en minerales y con una economía demasiado dependiente de los precios internacionales. Sin embargo, el nuevo orden económico global podría estar cambiando las reglas del juego.

Para Ziad Haider, director global de Geopolítica de McKinsey & Company, el Perú tiene condiciones para asumir un papel mucho más ambicioso. En una reciente entrevista, sostuvo que el país puede convertirse en el líder que hoy falta para impulsar la integración económica regional.

La tesis plantea un cambio de perspectiva: Perú podría dejar de ser simplemente un proveedor de materias primas para convertirse en un nodo estratégico de conexión entre mercados. Desde EJECUTIVO TI analizamos los pro y contras de esta presunta probabilidad.

Las ventajas: un país con cartas importantes

La posibilidad de que Perú asuma un liderazgo regional tiene, al menos, cinco ventajas.

Primero, su posición geográfica. El litoral del Pacífico convierte al país en un punto natural de conexión entre Sudamérica y Asia.

Segundo, su inserción comercial. La participación en APEC, la Alianza del Pacífico y otros acuerdos brinda acceso a una amplia red de mercados.

Tercero, sus recursos naturales. Cobre, oro, zinc, molibdeno y otros minerales colocan al país en sectores estratégicos para la transición energética y tecnológica.

Cuarto, su agroexportación. Uvas, arándanos, paltas, cacao y otros productos han permitido diversificar parcialmente la canasta exportadora y demostrar que Perú puede competir globalmente también en productos de mayor sofisticación comercial.

Quinto, su capacidad de relacionarse con diferentes bloques. Perú mantiene vínculos comerciales con China, Estados Unidos, Europa y las economías asiáticas. Esa posición puede convertirse en una ventaja en un mundo fragmentado.

En términos geopolíticos, ser amigo comercial de todos puede ser más rentable que convertirse en aliado económico exclusivo de uno solo.

Las desventajas: el Talón de Aquiles es interno

Pero la tesis del liderazgo regional también enfrenta obstáculos considerables.

El primero es político. Un país que aspira a liderar la integración económica necesita estabilidad, previsibilidad y capacidad de ejecutar políticas de Estado. La volatilidad política peruana de los últimos años ha debilitado precisamente esos atributos.

El segundo problema es institucional. La inversión extranjera no busca únicamente recursos naturales. Busca seguridad jurídica, permisos previsibles, infraestructura, reglas estables y capacidad estatal.

El tercer riesgo es la dependencia de las materias primas. El hecho de que el cobre sea una ventaja estratégica no elimina la vulnerabilidad asociada a concentrar buena parte de las exportaciones en productos mineros. El dato es contundente: en 2023, la minería representó alrededor del 70% de las exportaciones peruanas hacia APEC.

El cuarto problema es la informalidad y la baja productividad. No existe liderazgo geoeconómico sostenible si una gran parte de las empresas opera fuera del sistema formal y millones de trabajadores permanecen atrapados en actividades de baja productividad.

Finalmente, está la infraestructura. Perú puede convertirse en un hub logístico, pero necesita cerrar brechas de transporte, energía, agua, conectividad digital y seguridad.

El gran riesgo: confundir oportunidad con destino

La advertencia más importante es quizá la más sencilla: Perú tiene condiciones para ejercer liderazgo, pero no tiene garantizado ese liderazgo. La afirmación de Haider debe interpretarse como una oportunidad, no como una profecía.

La historia económica demuestra que la geografía y los recursos naturales ayudan, pero no sustituyen a las instituciones. Chile aprovechó durante décadas su apertura comercial para construir una posición internacional. México convirtió su cercanía con Estados Unidos en una gigantesca plataforma manufacturera. Singapur transformó su ubicación en un centro financiero y logístico global.

Perú todavía está a tiempo de decidir cuál será su modelo. Puede seguir siendo un exportador exitoso de minerales, alimentos y materias primas. O puede utilizar esas ventajas para convertirse en un centro regional de comercio, logística, inversión y servicios. La diferencia estará en la política económica.

La apuesta: ser puente, no campo de batalla

La mayor oportunidad geopolítica del Perú consiste en no convertirse en campo de disputa entre las grandes potencias, sino en puente entre ellas. En un mundo fragmentado, el país podría aprovechar su relación con China para atraer inversión y ampliar mercados; su relación con Estados Unidos para fortalecer comercio, tecnología y seguridad de las cadenas de suministro; su vínculo con Europa para diversificar mercados; y la Alianza del Pacífico para construir una plataforma regional.

Pero para ello deberá abandonar la lógica de corto plazo. El liderazgo regional requiere una política exterior económica mucho más activa, coordinación entre Cancillería, Economía, Comercio Exterior y Producción, promoción agresiva de inversiones y una estrategia nacional para infraestructura y cadenas de suministro.

También exige algo que ha escaseado en la política peruana: continuidad.

EL VEREDICTO

La idea de un “Perú líder regional en el tablero geopolítico mundial” ya no pertenece únicamente al terreno de la imaginación. El país tiene recursos estratégicos, una posición privilegiada frente al Pacífico, acceso a mercados, participación en APEC y la Alianza del Pacífico, y una infraestructura portuaria que puede modificar los flujos comerciales sudamericanos.

La propia lectura de Ziad Haider coloca el debate en un nivel diferente: Perú no debería preguntarse solamente cuánto crecerá el próximo año, sino qué lugar quiere ocupar en la nueva arquitectura económica mundial. La oportunidad es enorme. También lo es el peligro de desperdiciarla.

Si Perú logra estabilidad política, seguridad jurídica, disciplina fiscal, infraestructura competitiva, mayor productividad y una estrategia agresiva de atracción de capital y tecnología, puede convertirse en uno de los principales nodos de conexión entre América Latina y Asia-Pacífico.

Si no lo consigue, otros países ocuparán ese espacio.

El nuevo tablero geopolítico no está esperando a Perú. Se está moviendo. La pregunta es si Lima tendrá la visión y la capacidad para mover sus propias fichas.

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Miguel Ángel Hurtado
Analista Financiero
Experto en ciencias Económicas y Financieras con estudios de Postgrado en la Universidad del Pacífico. Amplio conocimiento y experiencia en periodismo especializado como Editor de Economía y Negocios, y Director de Tecnología, en medios de comunicación -nacionales y extranjeros- de primer nivel. Consultor en Bolsa y Finanzas y Estrategia Comunicacional.

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