El Perú no se duerme: el impulso exportador entra a 2026 con nuevos mercados y lecciones aprendidas

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INFORME ESPECIAL

Con 16 negociaciones comerciales en curso y una canasta exportadora que ya logró superar a Chile en productos clave, el reto del Perú no es crecer, sino sostener el ritmo y sumar a más sectores productivos al comercio global.

En medio de un escenario internacional marcado por la desaceleración económica, el endurecimiento de estándares comerciales y una competencia cada vez más agresiva entre países exportadores, el Perú llega a 2026 con una ventaja que no todos en la región pueden mostrar: el crecimiento exportador ya ocurrió y dejó lecciones concretas.

Mientras otros países aún debaten cómo diversificar su oferta, el Perú logró en los últimos años convertirse en el principal exportador mundial de arándanos, consolidarse como primer exportador global de uva de mesa, acelerar de forma sostenida las exportaciones de palta Hass y, más recientemente, colocar buses ensamblados en el país en mercados de América Latina. No se trató de un golpe de suerte, sino de una estrategia que combinó apertura comercial, inversión privada y mejoras productivas.

Hoy, con 16 accesos comerciales en negociación en igual número de países y que lleva adelante el Mincetur, la pregunta clave es cómo evitar que este impulso se diluya y cómo lograr que más sectores productivos —industriales, regionales y de servicios— se sumen a la dinámica exportadora.

Abrir mercados sigue siendo clave, pero ya no basta

El Perú aprendió que abrir mercados no garantiza automáticamente exportaciones. El verdadero impacto se produce cuando los acuerdos vienen acompañados de reglas sanitarias claras, tiempos predecibles y acompañamiento al exportador. Así ocurrió con el arándano y la uva, donde el acceso efectivo permitió que el sector privado invirtiera con confianza.

De cara a 2026, la estrategia apunta a Asia, Medio Oriente y Oceanía, con foco en productos específicos. El reto será reducir la brecha entre la negociación política y la exportación real, un punto crítico para que nuevos productos no queden atrapados en trámites técnicos interminables.

Del volumen al valor: el siguiente paso natural

Si algo dejó claro el boom agroexportador es que el crecimiento basado solo en volumen tiene un techo. El siguiente salto está en el valor agregado. Procesamiento de alimentos, productos funcionales, textiles especializados, manufacturas intermedias y bienes industriales con marca propia aparecen como el nuevo frente de batalla.

El caso de los buses fabricados en el Perú y exportados a países vecinos funciona como señal clara: la industria local puede competir cuando combina escala, calidad y conocimiento del mercado regional. Replicar esa experiencia en otros sectores industriales permitiría reducir la dependencia de materias primas y ampliar la base exportadora.

Logística: ¿el cuello de botella?

Durante años, la logística fue uno de los principales frenos silenciosos del comercio exterior peruano. Hoy, ese escenario empieza a cambiar.

La entrada en operación del puerto de Chancay, concebido como un hub de clase mundial con altos niveles de automatización, mayor calado y conexión directa con Asia, marca un punto de inflexión para la infraestructura exportadora del país.

Su impacto va más allá de la nueva capacidad instalada: la sola competencia que introduce ya ha acelerado los procesos de modernización del puerto del Callao, tanto en inversión como en eficiencia operativa. Este fenómeno de seguro empezará a ampliarse en los demás terminales del país y en el interés de desarrollar nuevos puertos en el litoral peruano.

Para el Perú, el desafío hacia 2026 no será solo inaugurar infraestructura, sino integrarla estratégicamente. Reducir tiempos, costos y trámites logísticos permitirá que más empresas —especialmente medianas y regionales— puedan exportar de manera sostenida. Si Chancay y Callao logran operar como nodos complementarios dentro de una red logística moderna, el país no solo exportará más, sino mejor.

Inversión y productividad para no perder liderazgo

El liderazgo en productos como el arándano o la uva no es permanente. Otros países ya están invirtiendo para disputar esos mercados. Mantener la ventaja exigirá más tecnología, innovación y productividad, tanto en el agro como en la industria.

Al mismo tiempo, el desafío es extender ese modelo a nuevos sectores. Acceso a financiamiento, seguros frente a riesgos climáticos y asistencia técnica pueden marcar la diferencia entre exportadores ocasionales y empresas con vocación internacional.

Estándares globales: competir también es cumplir reglas

Los mercados internacionales, especialmente Europa, están elevando las exigencias ambientales, laborales y de trazabilidad. Para el Perú, el riesgo no está en la regulación, sino en la velocidad de adaptación.

Acompañar a productores e industriales en procesos de certificación será clave para que los estándares no se conviertan en una barrera de entrada, sino en una ventaja competitiva.

Servicios: la exportación que crece sin hacer ruido

Más allá de los bienes, la exportación de servicios empieza a ganar espacio. Tecnología, consultoría, diseño, educación y servicios especializados vinculados a minería y agroindustria representan una oportunidad de alto valor y menor dependencia logística.

Incorporar este sector a la estrategia exportadora permitiría diversificar ingresos y ampliar el universo de empresas que venden al exterior.

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