

El petróleo volvió a cruzar una frontera que los mercados conocen bien: US$100 por barril..
En efecto, el Brent llegó este miércoles a niveles superiores a US$101, impulsado por la escalada militar entre Estados Unidos e Irán y por el temor a nuevas interrupciones en el suministro desde Medio Oriente. El estrecho de Ormuz, por donde normalmente transita una parte muy importante del petróleo y gas mundial, vuelve a estar en el centro de la preocupación de los mercados.
Para el Perú, el problema no termina en el precio del barril. La transmisión comienza en los combustibles y continúa por toda la cadena económica. Cuando sube la gasolina o el diésel, aumenta el costo de transportar personas y mercancías. El efecto llega posteriormente a alimentos, distribución, construcción, servicios, comercio y prácticamente cualquier actividad que dependa del transporte.
Y esta vez el shock externo encuentra a la economía peruana en una inusual posición: la inflación ya está por encima del rango meta del Banco Central.
En agosto, la inflación de Lima Metropolitana alcanzó 4,44% en los últimos doce meses, mientras la inflación nacional se situó alrededor de 4,06%. El rango meta del BCRP es de 1% a 3%, por lo que el actual nivel de precios se encuentra claramente por encima de su límite superior.
Si la inflación estuviera en 2%, un nuevo aumento de los combustibles podría representar un shock temporal que el Banco Central podría esperar que desaparezca. Pero con una inflación ya superior al 4%, un nuevo incremento energético puede dificultar el retorno al objetivo.
La preocupación no es solamente cuánto cuesta llenar el tanque de un automóvil. El combustible es un insumo transversal de la economía.
Un camión que transporta alimentos consume diésel. Una empresa minera necesita combustible para sus operaciones. Una compañía de distribución lo necesita para trasladar mercancías. El transporte público depende de él. La construcción utiliza maquinaria que funciona con derivados del petróleo. Incluso productos cuyo precio no tiene ninguna relación aparente con el crudo pueden terminar absorbiendo parte del aumento a través de sus costos logísticos.
Por eso el petróleo puede convertirse en una segunda ronda inflacionaria.
La primera es directa: sube el combustible. La segunda aparece cuando empresas y proveedores trasladan parte del incremento de sus costos a sus precios. Y una tercera puede surgir si trabajadores y consumidores comienzan a ajustar sus expectativas ante la percepción de que los precios seguirán subiendo.
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Reuters reportó este miércoles que el Brent llegó a US$100,95 y posteriormente superó los US$101, mientras los mercados financieros reaccionaban negativamente al temor de una inflación energética más persistente. El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años se mantenía alrededor de 4,8%, reflejando también la preocupación por tasas de interés elevadas durante más tiempo.
Para las empresas peruanas, esto crea una combinación incómoda: combustibles más caros y dinero potencialmente más caro.
Una empresa que enfrenta mayores costos de transporte puede necesitar financiamiento para sostener inventarios o capital de trabajo. Pero si las tasas internacionales permanecen altas, ese financiamiento también puede encarecerse. Si a esto le sumamos los gastos en seguridad que ya trae la criminalidad en el país, el panorama se complica
El consumidor termina recibiendo el impacto por dos vías: pierde poder adquisitivo por el aumento de precios y puede enfrentar mayores costos financieros.
La buena noticia es que el shock petrolero todavía depende de cuánto dure la interrupción del suministro. Si las tensiones geopolíticas disminuyen, el precio podría retroceder. Pero el mercado está señalando que el riesgo ya no es marginal. El Brent ha aumentado alrededor de 25% desde comienzos del mes pasado, según Reuters, mientras las reservas y la capacidad disponible de respuesta ofrecen menos margen que en otros episodios.
Para el Perú, la ecuación es especialmente delicada. El país no controla el precio internacional del petróleo y tampoco puede evitar que un shock externo llegue a los combustibles. Lo que sí puede hacer es vigilar que la competencia y la formación de precios en el mercado funcionen adecuadamente y, sobre todo, evitar que un aumento temporal del petróleo termine convirtiéndose en una inflación persistente.
El petróleo ya cruzó los US$100. La pregunta ahora no es solamente cuánto tiempo permanecerá allí, sino cuánto de ese aumento terminará llegando al bolsillo de los peruanos y cuánto tiempo tardará en desaparecer de los precios.
Porque con una inflación de 4,44%, el Perú ya no está mirando el petróleo desde una economía de precios estables. Lo está haciendo desde una economía que necesita urgentemente volver a controlar la inflación.
Es una prueba
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