Combustibles no dan tregua y vuelven a subir

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La quinta subida del mes vuelve a presionar a transportistas, empresas y consumidores mientras el mercado espera que la caída del petróleo internacional finalmente llegue al Perú.

Los precios de los combustibles volvieron a subir este miércoles y con ello agosto quedó marcado por una tendencia que empieza a preocupar no solamente a los consumidores, sino también a prácticamente toda la estructura productiva del país. Es la quinta alza registrada durante el mes en los grifos peruanos, una situación que ocurre mientras el mercado internacional del petróleo comienza, paradójicamente, a mostrar señales de retroceso.

La diferencia entre ambas realidades resume buena parte de la preocupación empresarial actual. Mientras el precio del Brent ha empezado a descender desde los máximos alcanzados durante la crisis en Medio Oriente, en el Perú los incrementos acumulados todavía continúan trasladándose a los precios internos de los combustibles.

La consecuencia inmediata es un aumento en los costos de transporte, distribución y logística que termina afectando desde una pequeña empresa de reparto hasta una gran operación minera.

La información difundida señala que los combustibles registraron una quinta subida durante agosto, reflejándose en distintos establecimientos de venta al público. El incremento ocurre en un contexto de tensión política y económica alrededor del Ministerio de Energía y Minas, así como de preocupación por el impacto que el costo del combustible viene generando en sectores como el transporte terrestre y la actividad comercial.

El asunto adquiere mayor relevancia porque el combustible constituye uno de los costos transversales de la economía peruana. Una empresa dedicada a distribuir alimentos desde la costa hacia la sierra depende del diésel para movilizar su flota, una constructora necesita combustible para maquinaria pesada, mientras que las empresas agrícolas requieren transporte para llevar productos perecibles hacia los mercados mayoristas. Asimismo, la minería utiliza importantes volúmenes de energía para sus operaciones y cadenas logísticas.

En otras palabras, el combustible no es simplemente un producto de consumo sino un componente del costo de producción. Por eso, cuando el precio sube reiteradamente, la primera reacción empresarial no siempre consiste en aumentar precios al consumidor. Muchas compañías intentan absorber parte del incremento reduciendo márgenes, postergando inversiones o buscando eficiencias operativas.

El problema aparece cuando el alza se prolonga durante varias semanas y esos márgenes comienzan a desaparecer. En ese punto la presión empieza a trasladarse.

Transportistas solicitan reajustes de tarifas, empresas logísticas revisan contratos, distribuidores elevan costos de entrega y, finalmente, algunos productos terminan llegando más caros al consumidor. Ese proceso no ocurre de manera automática ni uniforme, pero históricamente constituye una de las principales vías mediante las cuales un shock energético termina influyendo sobre la inflación.

En sentido inverso

El elemento interesante del escenario actual es que el mercado internacional parece haber comenzado a cambiar de dirección. Durante las últimas jornadas, el petróleo Brent descendió por debajo de los niveles que había alcanzado durante la escalada de tensión entre Estados Unidos e Irán.

Las expectativas de una posible distensión diplomática y una menor preocupación por el suministro energético mundial han contribuido a reducir la prima geopolítica que impulsó el precio del crudo durante los días anteriores. Sin embargo, esa reducción todavía no se ha traducido plenamente en los grifos peruanos.

Existen varias razones para ello; los combustibles que hoy se venden en el país corresponden muchas veces a compras realizadas días o semanas atrás, además de existir costos de almacenamiento, transporte, refinación, impuestos y márgenes comerciales que hacen que la transmisión de los precios internacionales no sea inmediata.

Precisamente por esa razón, el comportamiento de las próximas semanas será clave. Si la caída del petróleo se consolida, las empresas esperarán una reducción progresiva de los costos energéticos. Si, por el contrario, el conflicto internacional vuelve a intensificarse y el Brent retoma una tendencia alcista, agosto podría convertirse solamente en el inicio de un período más prolongado de presión sobre los costos empresariales.

El Gobierno enfrenta además un desafío adicional, en regiones alejadas, particularmente en la selva, el abastecimiento de combustibles depende de cadenas logísticas mucho más complejas y en algunos casos de un número reducido de proveedores.

Por ello, el Ejecutivo viene evaluando medidas que permitan reducir el impacto sobre determinadas zonas del país donde el combustible tiene una incidencia todavía mayor sobre la actividad económica. Para el sector privado, la principal preocupación sigue siendo la previsibilidad.

Las empresas pueden adaptarse a un combustible caro si conocen el escenario con cierta anticipación. Lo verdaderamente complejo es operar en un contexto de alta volatilidad, donde los costos cambian constantemente y resulta difícil proyectar presupuestos, precios o contratos de largo plazo.

Perú mantiene una economía relativamente estable desde el punto de vista macroeconómico, pero eso no significa que esté protegida de los shocks externos. El petróleo continúa siendo una de las variables capaces de modificar rápidamente las perspectivas de inflación, consumo y rentabilidad empresarial.

La noticia de hoy, por tanto, no es solamente que los combustibles subieron por quinta vez. La verdadera historia será determinar si este incremento representa el último rezago de la crisis internacional o el comienzo de una nueva etapa de costos elevados para la economía peruana. Esa diferencia puede marcar buena parte de las decisiones empresariales durante el último trimestre del año.

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Luis Zegarra
Analista
Economista de PUCP y Master en Comunicaciones en la Universidad de Barcelona, con una amplia trayectoria en medios periodisticos como El Comercio, Gestión y otros, así como director de comunicaciones en entidades como Proinversión, SBS, MVCS y PCM. Director de publicaciones en Ejecutivo ti

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