

La inversión minera creció 43,6% hasta mayo y nuevas apuestas empresariales confirman el apetito por los recursos peruanos. El desafío será convertir el dinero que llega en producción, empleo y nuevos proyectos.
Mientras el fenómeno de El Niño comienza a poner presión sobre la economía peruana, la minería ofrece una de las señales más sólidas de dinamismo empresarial.
La inversión minera ejecutada durante los primeros cinco meses de 2026 superó los US$2.633 millones, un crecimiento de 43,6% respecto al mismo período del año anterior, según el Ministerio de Energía y Minas. El avance está siendo impulsado especialmente por infraestructura, desarrollo y preparación, exploración y equipamiento.
El dato importa porque no se trata únicamente de dinero destinado a mantener operaciones existentes. Una parte importante corresponde a ampliaciones, modernización, exploración y preparación de nuevas áreas.
En infraestructura, por ejemplo, la inversión acumulada a mayo alcanzó US$713 millones, 80,2% más que un año antes. Desarrollo y preparación creció 88,3%, mientras que el equipamiento minero aumentó 14,4%.
La señal que dejan estas cifras es clara: las empresas mineras están destinando más capital a Perú.
Una de las razones está fuera del país.
El cobre ha pasado a ocupar una posición cada vez más estratégica en la economía mundial. La expansión de las redes eléctricas, la electrificación del transporte, los centros de datos y la transición energética están aumentando la demanda por un metal que Perú produce a gran escala. Ese escenario está haciendo que las compañías mineras busquen nuevos recursos y proyectos.
Un ejemplo reciente es Minsur, que acordó con Latin Metals una opción para avanzar sobre el proyecto de cobre Lacsha, ubicado en Lima. La estructura contempla compromisos que pueden alcanzar aproximadamente US$42,62 millones.
El movimiento es relevante por dos razones; Primero, demuestra que el capital minero continúa buscando nuevos yacimientos en Perú, y segundo, muestra que la competencia por cobre no se limita a las grandes operaciones actualmente en producción.
El país tiene una ventaja geológica extraordinaria. Pero tener mineral bajo tierra es solamente el primer paso.
La inversión minera puede crecer 40% o 50% durante un año y, sin embargo, no necesariamente traducirse inmediatamente en una mayor producción.
Los proyectos mineros requieren años de exploración, permisos, construcción, infraestructura y puesta en marcha. Por eso, la verdadera prueba para el Perú estará en conseguir que el capital comprometido llegue efectivamente a la etapa productiva.
Aquí aparecen algunos de los obstáculos tradicionales: permisos que pueden prolongarse, conflictos sociales, falta de infraestructura, problemas de seguridad y limitada capacidad estatal para acompañar proyectos de gran escala.
El momento internacional, sin embargo, es favorable, la demanda por minerales críticos está convirtiendo la geología en una cuestión geopolítica. Estados Unidos, China y otras grandes economías están intentando asegurar cadenas de suministro de minerales considerados estratégicos. Eso coloca al Perú en una posición privilegiada.
El Gobierno de Keiko Fujimori tiene delante una oportunidad que no aparece todos los años. No necesita convencer al mundo de que Perú tiene recursos minerales, sino convencer a los inversionistas de que Perú puede desarrollar esos recursos de manera previsible.
Un inversionista minero no decide únicamente dónde existe cobre, oro o zinc, también analiza cuánto tardará en obtener permisos, qué infraestructura tendrá disponible, cuál es el riesgo social, cómo funcionará el sistema tributario y qué tan previsible será el entorno político durante los siguientes 20 o 30 años.
La inversión minera de los primeros meses del año demuestra que existe apetito, es importante dar el siguiente paso y aprovechar la coyuntura.
Cada dólar invertido en minería genera actividad alrededor, beneficios indirectos,como les llaman. Contratistas, proveedores de maquinaria, transporte, ingeniería, construcción, servicios tecnológicos, alimentación, seguridad y mantenimiento forman parte de una cadena que puede multiplicar el impacto económico de una operación minera.
El capital que llega debe convertirse en proyectos que produzcan. Perú tiene hoy una ventana internacional favorable para sus minerales y el reto del nuevo Gobierno será evitar que esa oportunidad termine, como otras veces, atrapada entre permisos, conflictos y falta de ejecución.
La minería está acelerando. Ahora le corresponde al país no quedarse atrás.
Es una prueba
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