

La presentación del gabinete ministerial ante el Congreso será uno de los primeros grandes test del nuevo Gobierno. Más allá del procedimiento constitucional, la jornada permitirá medir algo que los mercados siguen con atención: qué capacidad tendrá el Ejecutivo para convertir sus anuncios en decisiones y políticas concretas.
La conformación del gabinete ya entregó algunas señales. La presencia de perfiles con experiencia técnica, especialmente en Economía, Relaciones Exteriores y otras áreas estratégicas, busca transmitir una imagen de capacidad de gestión y previsibilidad.
Pero en el Perú la composición del gabinete no se evalúa únicamente por los currículos de sus integrantes.
También importa la relación que consiga construir con el Congreso.
Un Ejecutivo con ministros técnicamente sólidos pero sin una mayoría parlamentaria suficiente puede tener dificultades para aprobar reformas, presupuestos, cambios regulatorios y otras medidas necesarias para ejecutar su programa.
Para las empresas, esta variable es fundamental.
El Perú llega a este cambio de Gobierno con una economía que mantiene capacidad de crecimiento, pero también con una agenda pendiente considerable.
Minería, infraestructura, seguridad, inversión privada, simplificación regulatoria y recuperación de la productividad forman parte de los temas que determinarán el desempeño económico de los próximos años.
El sector privado necesita saber si el nuevo Gobierno podrá avanzar en ellos, en tal sentido, la presentación ante el Congreso será, por eso, algo más que un acto político. Será una primera demostración de capacidad de negociación.
Si el gabinete obtiene respaldo suficiente y logra construir una relación funcional con las diferentes bancadas, el Gobierno podría comenzar a reducir una de las principales incertidumbres que históricamente han afectado al país: la dificultad para sostener una agenda de políticas públicas más allá del corto plazo. Si ocurre lo contrario, las señales pueden ser negativas.
Para los inversionistas tampoco será suficiente escuchar un discurso con buenas intenciones, la atención estará puesta en los compromisos concretos.
¿Qué hará el Gobierno con la inversión minera?, ¿Cómo enfrentará la inseguridad?, ¿Qué ocurrirá con los grandes proyectos de infraestructura?, ¿Habrá una política clara para destrabar inversiones?, ¿Se mantendrá la disciplina fiscal?, ¿Existirá continuidad en las reglas para las empresas?
Son preguntas que probablemente pesarán más que cualquier declaración política. y hay un elemento adicional: la velocidad de ejecución. Perú no tiene solamente un problema de falta de proyectos. En muchos casos tiene dificultades para ejecutarlos dentro de los plazos previstos.
Por eso, un gabinete que consiga combinar respaldo político con capacidad técnica podría generar una señal especialmente positiva.
La presentación ante el Congreso será entonces el primer gran examen. No necesariamente porque de ella dependa por sí sola la estabilidad del Gobierno, sino porque permitirá observar cómo funcionará la relación entre dos poderes que durante los últimos años han tenido una convivencia complicada.
Para el sector privado, la pregunta de fondo es sencilla: ¿el nuevo Gobierno podrá gobernar?.
La respuesta tendrá que aparecer no solamente en el discurso ante el Congreso, sino en las votaciones, las leyes que consiga aprobar y las decisiones que tome durante los próximos meses.
Porque para una empresa que evalúa invertir US$100 millones, la estabilidad política no es una abstracción, sino parte del cálculo financiero.
Perú tiene actualmente una oportunidad importante: precios favorables para varios minerales, inversión minera creciendo con fuerza, un sistema financiero sólido y una economía que mantiene crecimiento.
Pero también enfrenta riesgos: inseguridad, fenómenos climáticos, informalidad, conflictos sociales y un entorno internacional marcado por petróleo caro y tasas de interés todavía elevadas.
En ese contexto, la previsibilidad se convierte en un activo económico y el nuevo gabinete tendrá que demostrar que puede construirla. La presentación ante el Congreso será el primer capítulo.
El mercado no espera solamente un gabinete que consiga un voto de confianza. Espera un equipo capaz de convertir ese respaldo político en confianza económica.
Es una prueba
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