

Por la Redacción de Ejecutivo TI
Los mercados no suelen reaccionar a los discursos. Reaccionan a las personas encargadas de convertir esos discursos en políticas públicas.
Por eso, mientras la atención del país se concentraba en el mensaje presidencial y en la conformación del nuevo gabinete ministerial, una designación sobresalió por encima del resto: la del economista Elmer Cuba como ministro de Economía y Finanzas.
En una economía como la peruana, donde la confianza es uno de los principales motores de la inversión, el titular del MEF no administra únicamente el presupuesto nacional. Administra, sobre todo, las expectativas de empresarios, inversionistas, organismos multilaterales y mercados financieros.
Su llegada representa una de las primeras señales que el nuevo gobierno ha enviado al sector privado.
Elmer Cuba llega al Ministerio de Economía con un perfil poco común dentro de la política peruana. Durante décadas ha sido reconocido como analista económico, consultor y una de las voces más influyentes en materia macroeconómica.
Su trayectoria ha estado ligada al análisis del crecimiento, la productividad, la inversión privada y la estabilidad fiscal. No proviene de la confrontación política, sino del debate técnico.
Ese perfil explica por qué su nombramiento fue recibido con expectativa por diversos sectores empresariales.
Después de años de incertidumbre política, cambios frecuentes de ministros y decisiones económicas contradictorias, el Ejecutivo parece haber optado por enviar un mensaje de continuidad en los principios que durante décadas permitieron al Perú consolidar una de las economías más estables de América Latina.
La tarea que recibe el nuevo ministro está lejos de ser sencilla.
Aunque el Perú mantiene fundamentos macroeconómicos relativamente sólidos, la economía enfrenta desafíos que no se resolverán únicamente con disciplina fiscal.
La inversión privada todavía se recupera lentamente, numerosos proyectos permanecen paralizados por conflictos sociales o trabas burocráticas, la informalidad continúa afectando a millones de trabajadores y la ejecución de la inversión pública sigue mostrando niveles insuficientes.
A ello se suma el crecimiento de la minería ilegal, la expansión del crimen organizado y un aparato estatal cuya complejidad administrativa retrasa decisiones que el sector productivo considera urgentes.
El Ministerio de Economía será, por tanto, mucho más que una entidad encargada de equilibrar ingresos y gastos. Deberá convertirse en el principal impulsor de la reactivación económica.
Los inversionistas suelen formar su opinión sobre un gobierno durante los primeros meses de gestión.
En ese periodo observarán con atención si el Ministerio de Economía mantiene una línea coherente con los principios anunciados por el Ejecutivo.
Entre las decisiones más relevantes estarán la elaboración del Presupuesto General de la República para 2027, las medidas destinadas a acelerar la inversión privada, la capacidad para destrabar grandes proyectos de infraestructura, la simplificación de regulaciones que afectan la competitividad y el manejo responsable de las finanzas públicas.
También será determinante la relación entre el MEF y los demás sectores del Estado. Las reformas económicas difícilmente prosperarán si cada ministerio actúa de manera aislada o responde a prioridades distintas.
Quizá el desafío más importante no sea únicamente lograr que la economía crezca.
El verdadero reto consiste en mejorar la capacidad del Estado para acompañar ese crecimiento.
Durante años, empresarios y especialistas han coincidido en que el problema no radica solamente en la falta de recursos, sino en la lentitud de los procedimientos, la duplicidad de funciones y la excesiva carga burocrática.
Si el nuevo Ministerio de Economía impulsa una agenda de simplificación administrativa, transformación digital, evaluación del gasto público y mejora de la productividad estatal, el impacto podría extenderse mucho más allá de los indicadores macroeconómicos.
No se trataría únicamente de gastar mejor, sino de construir un Estado capaz de responder con mayor rapidez a ciudadanos e inversionistas.
El nombramiento de Elmer Cuba ha sido interpretado como una señal favorable por buena parte del sector económico. Sin embargo, la confianza inicial constituye apenas el punto de partida.
Los próximos meses demostrarán si esa expectativa logra transformarse en inversión, empleo y crecimiento sostenido.
Las cifras macroeconómicas continuarán siendo importantes, pero el éxito de la gestión se medirá también por la capacidad de devolver previsibilidad al país, acelerar proyectos, fortalecer la institucionalidad económica y generar condiciones para que el sector privado vuelva a convertirse en el principal motor del desarrollo.
En ese escenario, el ministro de Economía no será únicamente el responsable de las finanzas públicas. Será, probablemente, el funcionario cuya gestión tendrá mayor influencia sobre el desempeño del nuevo gobierno y sobre la percepción que el Perú proyecte ante el mundo.
Es una prueba
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