Dólar en alerta y capitales en fuga: amenaza de eje Sánchez – Humala dinamita la confianza en desarrollo económico y social del país

La diferencia con episodios anteriores es la calidad del riesgo percibido. En 2021, el mercado enfrentaba incertidumbre sobre un candidato relativamente desconocido, y a pesar de ello, se produjo una estampida de más de US$ 20,000 millones que abandonaron el país.
EJE MAL_2026

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La irrupción de la alianza Roberto Sánchez – Antauro Humala en el escenario político del Perú, no es un dato más en el tablero electoral 2026: es un disparador. Y los mercados, como siempre, no esperan confirmaciones; reaccionan ante señales. Esta, en particular, tiene el potencial de convertirse en una de las más disruptivas desde el traumático ciclo electoral de 2021 ensuciado con resultados poco claros y en muchos casos, no verificados.

El riesgo no es abstracto: ahora tiene rostro y discurso

Hasta hace poco, la posibilidad de que nuevamente una candidatura de izquierda alcanzara la segunda vuelta generaba inquietud moderada, contenida dentro de los márgenes habituales de incertidumbre electoral. Pero la entrada explícita de Antauro Humala —con su historial, su retórica y su programa— cambia la naturaleza del riesgo. Lo vuelve tangible, ideológico y, sobre todo, impredecible.

No se trata únicamente de quién podría gobernar, sino de con quién y bajo qué ideas. Cuando un actor político que ha defendido públicamente medidas como paralizar la agroexportación, echar al presidente del Banco Central de Reserva, Julio Velarde, o ha relativizado el uso de la violencia política e incluso, anunciado el fusilamiento de personajes opositores, se convierte en aliado visible, el mercado deja de hablar en condicional y empieza a cubrirse en presente.

La Bolsa de Valores de Lima, en este contexto, no necesita esperar una victoria electoral. Basta con que el binomio Sánchez–Humala gane tracción. Los sectores más expuestos —minería, agroindustria, banca— no reaccionan bien ante propuestas que sugieren disrupción del modelo exportador o incertidumbre jurídica. Lo que cae no es solo el precio de las acciones: es la confianza en la continuidad de las reglas del juego.

El dólar como termómetro del miedo

En paralelo, el tipo de cambio comienza a contar su propia historia. Cada declaración incendiaria, cada gesto de radicalización, cada insinuación de políticas heterodoxas se traduce en una mayor demanda de dólares.

El mecanismo es conocido, pero no por ello menos potente. Empresas adelantan compras de divisas, inversionistas extranjeros reducen exposición, ahorristas locales buscan refugio. El resultado es una presión sostenida al alza sobre el dólar que, más que reflejar fundamentos económicos inmediatos, captura una expectativa: que el país podría entrar en una fase de mayor volatilidad política y menor previsibilidad económica.

En 2021, este proceso no fue instantáneo, pero sí persistente. Y dejó cicatrices. Hoy, con un actor como Antauro Humala en el centro de la escena, el recuerdo no es histórico: es operativo. Los agentes económicos saben exactamente cómo reaccionar porque ya lo hicieron antes.

La psicología del mercado: del nerviosismo al repliegue

Los mercados no colapsan por ideologías; colapsan por incertidumbre. Y pocas cosas generan más incertidumbre que la combinación de un candidato con opciones reales de poder y un aliado que reivindica abiertamente la confrontación como herramienta política.

El problema no es solo lo que se propone, sino la credibilidad de que podría implementarse. Cuando Humala habla de redirigir exportaciones o justifica medidas extremas, introduce un elemento de ruptura que los inversionistas no pueden modelar fácilmente. Y lo que no se puede modelar, se evita.

Aquí aparece el fenómeno más delicado: la parálisis. Proyectos de inversión que se congelan, decisiones que se postergan, capitales que esperan en la línea de banda. No es una estampida inmediata, sino un goteo constante que erosiona la actividad económica.

¿Fuga de capitales? Esta vez, con menos margen de duda

Hablar de fuga de capitales ya no suena alarmista en este escenario; suena prudente. No necesariamente como un evento abrupto, pero sí como un proceso acumulativo.

La diferencia con episodios anteriores es la calidad del riesgo percibido. En 2021, el mercado enfrentaba incertidumbre sobre un candidato relativamente desconocido, y a pesar de ello, se produjo una estampida de más de US$ 20,000 millones que abandonaron el país. Hoy, en cambio, la preocupación gira en torno a un actor —Antauro Humala— con un historial definido: el Andahuaylazo, declaraciones sobre el uso de la violencia política y una narrativa abiertamente confrontacional.

Ese historial pesa. Y pesa más cuando se proyecta hacia el poder.

Los capitales no esperan a que las políticas se implementen. Se mueven cuando perciben que el equilibrio institucional podría alterarse. La sola posibilidad de medidas radicales —desde cambios en el modelo exportador hasta cuestionamientos al orden constitucional— es suficiente para activar salidas preventivas.

Un mercado que ya no duda, sino que descuenta el peor escenario

Lo más preocupante no es la volatilidad inmediata, sino el cambio en el “baseline” del mercado. Cuando los inversionistas comienzan a incorporar escenarios extremos como plausibles —no probables, pero sí posibles—, ajustan sus decisiones en consecuencia.

Esto implica valuaciones más bajas, primas de riesgo más altas y un costo de financiamiento mayor para el país. En otras palabras, incluso si el peor escenario no se materializa, el solo hecho de que sea creíble tiene un costo económico real.

Entre la política y el vértigo

La política peruana siempre ha sido intensa, pero hay momentos en que esa intensidad cruza un umbral. La alianza tácita entre Roberto Sánchez y Antauro Humala podría ser uno de ellos.

No porque determine un resultado electoral —eso aún está por verse—, sino porque redefine el marco en el que los mercados interpretan el futuro. Y cuando ese marco se vuelve incierto, el dinero no espera: se protege, se mueve o se va.

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