Perú 2026: la agenda urgente para reconstruir el Estado, reactivar la inversión, y garantizar estabilidad y seguridad hacia un crecimiento fuerte y sostenible

El éxito del próximo gobierno dependerá de su capacidad para articular consensos, priorizar lo urgente y ejecutar con eficacia. En un país como el Perú, donde las crisis suelen ser recurrentes, la diferencia entre el estancamiento y la recuperación radica, en gran medida, en la calidad de las decisiones iniciales.
AGENDA PERU_2026

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El próximo gobierno peruano asumirá funciones en un contexto particularmente desafiante. Tras varios años de inestabilidad política, deterioro institucional y bajo dinamismo económico, la administración entrante no solo deberá gestionar el día a día del Estado, sino también reconstruir las bases mismas de la gobernabilidad. La agenda pendiente es amplia, pero puede sintetizarse en tres ejes críticos: estabilización política, reactivación económica y respuesta efectiva a la crisis de seguridad ciudadana.

Diversos especialistas del sector público y privado, entre ellos Guido Valdivia, vicepresidente ejecutivo de CAPECO, coinciden en que los primeros meses de gestión serán decisivos. Más que grandes reformas estructurales de largo plazo, lo urgente será enviar señales claras de dirección, previsibilidad y capacidad de ejecución.

Estabilidad política: condición necesaria, no suficiente

El Perú llega al próximo quinquenio con una institucionalidad erosionada. La alta rotación de autoridades, los conflictos entre poderes del Estado y la fragmentación política han debilitado la confianza tanto de los ciudadanos como de los inversionistas. En este contexto, la transición democrática ordenada y la reconciliación nacional no son objetivos retóricos, sino condiciones indispensables para cualquier política pública efectiva.

El nuevo gobierno deberá priorizar la construcción de acuerdos mínimos con el Congreso, evitando la lógica confrontacional que ha caracterizado los últimos años. Esto implica, entre otras cosas, una agenda legislativa acotada, enfocada en medidas de consenso que permitan recuperar la funcionalidad del Estado. Asimismo, será crucial fortalecer la capacidad técnica de la administración pública, reduciendo la politización en la designación de funcionarios clave.

La gobernabilidad no se logrará únicamente mediante pactos políticos; también requerirá señales de transparencia y lucha contra la corrupción. La percepción de impunidad ha sido uno de los factores que más ha contribuido al desencanto ciudadano. Sin avances concretos en este frente, cualquier intento de reforma carecerá de legitimidad.

Reactivación económica: destrabar para crecer

En el ámbito económico, el desafío es doble: recuperar el crecimiento y garantizar que este se traduzca en bienestar tangible para la población. Durante los últimos años, la economía peruana ha mostrado una desaceleración sostenida, afectada tanto por factores internos como externos. Sin embargo, uno de los principales cuellos de botella ha sido la caída de la inversión privada.

Para revertir esta tendencia, el nuevo gobierno deberá enfocarse en destrabar proyectos de inversión, especialmente en sectores como infraestructura, minería, vivienda y construcción. Según los especialistas, esto pasa por simplificar trámites, reducir la incertidumbre regulatoria y mejorar la coordinación entre niveles de gobierno.

El sector construcción, en particular, tiene un rol clave como motor de crecimiento y generación de empleo. Reactivar programas de vivienda social, agilizar licencias y promover asociaciones público-privadas puede tener un impacto inmediato en la economía. No obstante, estos esfuerzos deberán ir acompañados de una mejora en la gestión pública. La baja ejecución del gasto en infraestructura sigue siendo uno de los principales problemas del Estado peruano.

Asimismo, será fundamental mantener la estabilidad macroeconómica, uno de los pocos activos que el país aún conserva. La disciplina fiscal y la autonomía de las instituciones económicas deben preservarse, incluso en un contexto de presiones sociales crecientes.

Seguridad ciudadana: la urgencia que no admite espera

Si hay un tema que concentra la preocupación de los ciudadanos es la inseguridad. El aumento de la criminalidad, en particular de delitos como la extorsión y el sicariato, ha generado una sensación de desprotección generalizada. Este fenómeno no solo afecta la calidad de vida de la población, sino también el clima de negocios y la inversión.

El próximo gobierno deberá implementar una estrategia integral de seguridad ciudadana que combine acciones de corto y mediano plazo. En lo inmediato, será necesario fortalecer la presencia policial en zonas críticas, mejorar la inteligencia operativa y coordinar de manera más efectiva con el Ministerio Público y el Poder Judicial.

Sin embargo, la respuesta no puede limitarse a medidas represivas. La reforma del sistema de justicia, la modernización de la policía y la prevención del delito a través de políticas sociales son componentes esenciales de una estrategia sostenible. La experiencia internacional muestra que sin instituciones sólidas, cualquier avance en seguridad es, en el mejor de los casos, temporal.

Gestión pública: el eslabón más débil

Más allá de los ejes mencionados, existe un problema transversal que condiciona el éxito de cualquier política: la debilidad de la gestión pública. La falta de capacidades técnicas, la alta rotación de funcionarios y la excesiva burocracia han limitado la capacidad del Estado para ejecutar políticas de manera eficiente.

El nuevo gobierno tendrá que priorizar una reforma de la administración pública que, sin necesidad de grandes cambios normativos, apunte a mejorar la calidad del gasto y la ejecución de proyectos. Esto incluye fortalecer los sistemas de planificación, simplificar procedimientos y profesionalizar el servicio civil.

La descentralización, otro de los pilares del modelo peruano, también requiere ajustes. Muchos gobiernos regionales y locales carecen de las capacidades necesarias para gestionar recursos y proyectos de manera adecuada. Sin una estrategia clara para cerrar estas brechas, la inversión pública seguirá siendo ineficiente.

Una oportunidad estrecha, pero decisiva

El margen de maniobra del próximo gobierno será limitado. La fragmentación política, las restricciones fiscales y las expectativas ciudadanas configuran un escenario complejo. Sin embargo, también existe una oportunidad: la posibilidad de marcar un punto de inflexión tras años de deterioro institucional.

Los primeros cien días serán clave para definir el rumbo. Más que anuncios grandilocuentes, lo que se espera es una hoja de ruta clara, decisiones coherentes y resultados concretos. La experiencia reciente sugiere que la inacción o la improvisación tienen costos elevados.

En última instancia, el éxito del próximo gobierno dependerá de su capacidad para articular consensos, priorizar lo urgente y ejecutar con eficacia. En un país como el Perú, donde las crisis suelen ser recurrentes, la diferencia entre el estancamiento y la recuperación radica, en gran medida, en la calidad de las decisiones iniciales.

La agenda está definida. El desafío será, como tantas veces en la historia peruana, llevarla a la práctica.

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Miguel Ángel Hurtado
Analista Financiero
Experto en ciencias Económicas y Financieras con estudios de Postgrado en la Universidad del Pacífico. Amplio conocimiento y experiencia en periodismo especializado como Editor de Economía y Negocios, y Director de Tecnología, en medios de comunicación -nacionales y extranjeros- de primer nivel. Consultor en Bolsa y Finanzas y Estrategia Comunicacional.

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