Perú enciende el motor de la inversión, pero el crimen amenaza con frenarlo

La industria recupera confianza: El 54% de los industriales planea invertir y el 47% contratará trabajadores. El desafío será convertir este renovado optimismo empresarial en crecimiento sostenible antes de que la inseguridad y las economías criminales eleven el costo de hacer negocios.
ECONOMIA_2026

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La economía peruana empieza a enviar una señal que los mercados y el sector privado estaban esperando: la inversión vuelve a aparecer en los planes empresariales. El 54% de los industriales consultados por la Sociedad Nacional de Industrias (SNI) afirma que realizará inversiones durante los próximos tres meses. La mejora es significativa frente al 43% registrado durante el primer trimestre, cuando la incertidumbre electoral llevó a muchas compañías a mantener sus proyectos en pausa.

El cambio también aparece en el empleo. El 47% de los empresarios industriales prevé contratar trabajadores adicionales en los próximos tres meses. A comienzos de año, cerca de siete de cada diez empresas no contemplaban hacerlo.

La lectura inmediata es positiva. Las empresas están dejando atrás la cautela y comienzan nuevamente a apostar por capacidad productiva y empleo. Pero el dato tiene una segunda lectura, menos cómoda. La pregunta ya no es solamente si Perú puede crecer, sino cuánto puede crecer sin que sus problemas estructurales vuelvan a frenar la expansión.

Y allí aparece la principal amenaza: las economías criminales.

Hugo Santa María, socio y economista jefe de Apoyo Consultoría, ha advertido que las economías criminales constituyen uno de los principales riesgos estructurales cuando se piensa en el futuro del país. La advertencia cambia la naturaleza del debate. La inseguridad ya no puede ser vista únicamente como un problema policial: se está convirtiendo en una variable económica que afecta inversión, productividad y empleo formal.

EL IMPUESTO INVISIBLE

La inseguridad tiene un costo que no siempre aparece en las cuentas nacionales. Las empresas gastan más en vigilancia, transporte seguro y protección de instalaciones. Los trabajadores enfrentan mayores riesgos para desplazarse. Las rutas logísticas se vuelven más costosas. Algunos negocios reducen horarios y otros descartan inversiones en determinadas zonas.

Una encuesta de la SNI encontró que 21% de las empresas industriales había sido víctima de algún hecho delictivo y que 45% había aumentado sus gastos en seguridad.

Es, en la práctica, un impuesto invisible sobre la empresa formal.

El problema se vuelve todavía mayor cuando el crimen organizado se conecta con actividades económicas ilegales como la minería ilegal, el narcotráfico, el contrabando y la extorsión. Estas actividades movilizan recursos, ocupan territorios y crean mercados paralelos que compiten con la economía formal.

La paradoja es evidente: mientras el Estado intenta atraer inversión y formalizar trabajadores, las economías criminales pueden ofrecer ingresos rápidos y operar fuera de las obligaciones tributarias y regulatorias.

El crimen organizado termina compitiendo con el Estado por una parte de la economía.

¿REBOTE O NUEVO CICLO?

Las perspectivas macroeconómicas, pese a los riesgos, siguen siendo razonablemente favorables. El Fondo Monetario Internacional proyecta un crecimiento cercano al 2,8% para Perú en 2026 y reconoce como fortalezas los elevados precios de los metales, la recuperación de la inversión privada, el consumo y los sólidos colchones macroeconómicos del país.

Perú conserva una ventaja que muchos países de la región envidian: deuda pública relativamente baja, reservas internacionales y una política monetaria que ha contribuido a preservar la estabilidad.

Pero esas fortalezas no garantizan por sí mismas un crecimiento elevado. El problema peruano es que crecer alrededor de 3% ya no parece suficiente para transformar significativamente el ingreso de los hogares, reducir la informalidad y absorber a los nuevos trabajadores que ingresan al mercado laboral.

Para lograr una expansión más rápida se necesita productividad.

Y allí el panorama es menos alentador. La industria enfrenta dificultades para conseguir personal técnico calificado. La infraestructura continúa siendo insuficiente en diversos sectores y la informalidad mantiene una enorme capacidad para absorber trabajadores fuera de la economía formal.

La inversión, por tanto, necesita algo más que confianza. Necesita carreteras, energía, puertos, seguridad, trabajadores capacitados, crédito y reglas estables.

EL RIESGO FISCAL NO HA DESAPARECIDO

Otro elemento que puede condicionar la recuperación es la situación fiscal. El FMI estima que el déficit fiscal se ubicará alrededor del 2% del PBI en 2026 y advierte sobre la necesidad de preservar la consolidación fiscal. La deuda pública peruana sigue siendo baja en comparación internacional, pero el espacio fiscal no es infinito.

La tentación de utilizar el presupuesto para sostener el crecimiento puede ser políticamente atractiva. El problema aparece cuando el gasto corriente crece más rápido que los ingresos permanentes. Un Estado que gasta más sin elevar productividad puede terminar desplazando al sector privado que pretende invertir.

Perú necesita utilizar su margen fiscal para infraestructura, seguridad, educación y servicios públicos que eleven la capacidad productiva. No para convertir un alivio temporal en gasto permanente.

LA INDUSTRIA ESTÁ HABLANDO

El dato de la SNI debería ser leído como una oportunidad. Que 54% de los industriales piense invertir y 47% contratar significa que el sector privado está dispuesto a asumir riesgos nuevamente. También indica que las empresas perciben mejores posibilidades de demanda y estabilidad.

Pero esa confianza todavía es frágil.

La inversión empresarial responde rápidamente a los cambios en las expectativas. Puede acelerarse cuando existe estabilidad y detenerse con igual velocidad cuando aparecen incertidumbre política, inseguridad o cambios impredecibles en las reglas. Por eso, el desafío del próximo ciclo económico no consiste únicamente en mantener el crecimiento. Consiste en transformar la recuperación coyuntural en crecimiento potencial.

Eso requiere enfrentar las economías criminales con la misma determinación con que se pretende atraer inversión. Requiere reducir la informalidad, mejorar la formación técnica, acelerar proyectos de infraestructura y garantizar seguridad jurídica. Y requiere, sobre todo, que el Estado vuelva a ser capaz de ejecutar.

LA VENTANA SE ESTÁ ABRIENDO

Perú tiene hoy una combinación poco común: empresas que vuelven a querer invertir, precios internacionales favorables para sus principales productos de exportación, estabilidad macroeconómica y oportunidades comerciales. Pero también enfrenta una combinación peligrosa: inseguridad, economías criminales, informalidad, baja productividad, debilidad institucional y un escenario político que todavía puede generar incertidumbre.

La economía peruana tiene combustible para crecer. Lo que todavía no tiene asegurado es el motor institucional capaz de convertir ese combustible en velocidad. El 54% de industriales que planea invertir es una señal de confianza. El 47% que planea contratar es otra. Ahora la tarea corresponde al Estado. Si logra reducir los costos que genera la inseguridad, combatir las economías criminales, destrabar inversión y mejorar la productividad, el actual rebote podría convertirse en el inicio de un ciclo de expansión más sólido.

Si no lo consigue, Perú corre el riesgo de repetir una historia conocida: un país con buenos fundamentos macroeconómicos, empresas dispuestas a invertir y oportunidades externas, pero incapaz de transformar esas ventajas en mayor crecimiento, empleo formal y bienestar.

La ventana está abierta. El problema es cuánto tiempo permanecerá así.

El Perú no necesita únicamente un gobierno que administre la recuperación. Necesita uno capaz de convertirla en una plataforma de crecimiento de largo plazo. Eso implica enfrentar la inseguridad, combatir las economías criminales, reducir la informalidad, mejorar la educación técnica, acelerar infraestructura, destrabar proyectos de inversión y recuperar la capacidad de gestión del Estado.

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Miguel Ángel Hurtado
Analista Financiero
Experto en ciencias Económicas y Financieras con estudios de Postgrado en la Universidad del Pacífico. Amplio conocimiento y experiencia en periodismo especializado como Editor de Economía y Negocios, y Director de Tecnología, en medios de comunicación -nacionales y extranjeros- de primer nivel. Consultor en Bolsa y Finanzas y Estrategia Comunicacional.

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