

En el Perú, la inversión —medida técnicamente como formación bruta de capital— ha tenido una trayectoria que explica con precisión quirúrgica los ciclos de expansión, estancamiento y recuperación de los últimos diez años.
La inversión es uno de los principales determinantes del crecimiento potencial de largo plazo. En términos generales:
La inversión representa, en promedio, entre 20 % y 25 % del Producto Bruto Interno (PBI). Cuando se ubica en la parte alta de ese rango, el crecimiento económico se acelera; cuando cae, el crecimiento se vuelve frágil y dependiente del consumo o de factores externos.
Durante la última década, el Perú pasó de niveles cercanos al 25 % del PBI (2013–2014) a niveles más moderados, alrededor de 20,7 % del PBI en 2024–2025. Esta reducción no es menor: equivale a miles de millones de dólares que dejaron de convertirse en infraestructura, maquinaria, tecnología y capacidad productiva.
Aproximadamente el 75 % de la inversión total en el Perú es privada. Por eso, cuando la inversión privada se frena, el crecimiento potencial del país se reduce casi de inmediato.
Tras el impacto de la pandemia en 2020, la inversión privada se recuperó con fuerza en 2021 y 2022, impulsada por altos precios de minerales, agroexportaciones récord y una reapertura global acelerada. Sin embargo, desde 2023 el impulso perdió fuerza, afectado por la incertidumbre política interna, conflictos sociales y retrasos regulatorios.
Hoy, la inversión privada representa alrededor de 19 % del PBI, un nivel suficiente para evitar una recesión, pero insuficiente para sostener crecimientos altos y duraderos.

La inversión pública se ha mantenido relativamente estable en la última década, en torno a 5 % del PBI. El problema no ha sido el presupuesto, sino la ejecución.
Gobiernos regionales y locales concentran una parte importante de los recursos, pero enfrentan limitaciones técnicas, burocráticas y de gestión. El resultado es un fenómeno conocido: proyectos aprobados que avanzan lentamente o no se concretan, reduciendo el impacto multiplicador de la inversión sobre el crecimiento.

La evidencia empírica es clara, pues cuando la inversión total supera el 22 % del PBI, el Perú tiende a crecer por encima del 4 % anual, pero cuando se ubica cerca del 20 % o menos, el crecimiento se desacelera hacia niveles de 2,5 %–3,0 %.
En los últimos años, el país ha operado más cerca del segundo escenario.
Las proyecciones apuntan a una recuperación gradual de la inversión, especialmente en minería, infraestructura y energía, con proyectos en cartera que podrían elevar nuevamente la inversión hacia niveles más cercanos a su promedio histórico.
Sin embargo, el factor decisivo no será externo, sino interno: estabilidad política, previsibilidad regulatoria y capacidad de ejecución. La inversión no espera indefinidamente.

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