

Por Ejecutivo TI
El nuevo ministro de Economía y Finanzas, Elmer Cuba, necesitó poco más de una semana en el cargo para comenzar a dibujar el mapa económico del gobierno de Keiko Fujimori.
Y el dibujo tiene una característica particular: no se trata solamente de gastar para cumplir promesas, ni solamente de ajustar para preservar las cuentas públicas. El discurso de Cuba intenta colocar ambas cosas en la misma ecuación.
Más ingresos, pero sin subir las tasas de impuestos. Mayor remuneración mínima, pero en dos etapas. Combustibles más caros, pero con un mecanismo para amortiguar su impacto. Los mismos feriados, pero trasladados a los viernes. Más fiscalización tributaria, pero dirigida principalmente contra quienes tienen ingresos y no los declaran.
El mensaje parece ser que la economía debe crecer y el ciudadano debe sentir ese crecimiento, pero el Estado no puede hacerlo a costa de deteriorar nuevamente las finanzas públicas. Ese equilibrio será probablemente la principal prueba política y económica del nuevo titular del MEF.
Cuba había adelantado, incluso antes de asumir el cargo, que uno de sus principales objetivos sería romper la distancia entre los indicadores macroeconómicos y la percepción de los hogares.
Durante su presentación como ministro señaló que la población todavía no había sentido en sus salarios y bienestar los efectos del crecimiento económico y planteó como objetivo que este se traduzca en mejores empleos, mejores remuneraciones y mejores servicios públicos. Ese concepto volvió a aparecer en la conferencia de este viernes y no es un detalle menor.
El Perú llega al nuevo gobierno con una economía que viene creciendo y con una posición macroeconómica que todavía constituye una de sus principales fortalezas. Al cierre de junio, el déficit fiscal se ubicaba en 1,3% del PBI, mientras que el PBI había acumulado 26 meses consecutivos de expansión hasta mayo.
Pero Cuba parece asumir que mantener esos números ya no es suficiente, entonces la nueva pregunta es cuánto de ese crecimiento termina convertido en empleo formal, mejores salarios, servicios públicos e infraestructura, y allí comienza la parte más compleja de su programa.
Al respecto, Cuba descartó un incremento inmediato de los S/170 y planteó hacerlo en dos etapas: S/100 en una primera fase y S/70 posteriormente. La decisión busca reducir el impacto que un aumento abrupto podría tener sobre las empresas, especialmente las de menor tamaño.
El ministro ha planteado además que el aumento deberá discutirse en el Consejo Nacional de Trabajo, involucrando a trabajadores y empleadores y aquí aparece una de las primeras contradicciones que deberá resolver el gobierno.
Aumentar el salario mínimo beneficia directamente a quienes ya están dentro del mercado formal y perciben la remuneración mínima. Pero elevar los costos laborales sin acompañarlo de una reforma de formalización puede generar el efecto contrario en las pequeñas empresas: menos contratación formal.
Por eso el aumento de la RMV no puede analizarse aisladamente. La verdadera prueba será si el gobierno consigue que el aumento del salario mínimo sea parte de una estrategia para aumentar el empleo formal y no simplemente una transferencia de costos hacia las empresas.
Otro anuncio que rápidamente llegó al ciudadano común fue el de los feriados. Cuba precisó que el Gobierno no busca reducir el número de feriados, sino trasladar al viernes aquellos que no correspondan a Fiestas Patrias, Navidad o Año Nuevo.
La lógica es meramente económica, lo que el Gobierno pretende convertir determinados descansos en fines de semana largos que puedan ser aprovechados por las familias para viajar y consumir dentro del país, favoreciendo especialmente al turismo interno.
Pero también existe una segunda razón: reducir la interrupción de las jornadas laborales durante la semana. En términos simples, el Gobierno intenta transformar un feriado que fragmenta la semana en un descanso que genere mayor actividad económica alrededor del fin de semana.
Es una medida pequeña frente a los grandes problemas fiscales del país, pero políticamente significativa porque muestra la orientación de la nueva gestión: buscar crecimiento incluso en decisiones aparentemente administrativas.
Probablemente uno de los anuncios económicos más importantes de la conferencia fue la decisión de reactivar el Fondo de Estabilización Fiscal para atenuar el incremento de los precios de los combustibles.
El objetivo es evitar que el aumento internacional del petróleo se traslade completamente al consumidor peruano. Cuba explicó que el mecanismo puede compensar temporalmente el aumento del precio internacional y recuperar posteriormente los recursos cuando el precio del crudo disminuya.
El argumento del ministro es especialmente relevante porque relacionó directamente el precio de los combustibles con la inflación. Según Cuba, la inflación se encuentra alrededor del 4% y, sin el impacto de los combustibles, estaría cerca del 1,5%.
Por ello, la intervención fiscal permitiría ayudar al Banco Central de Reserva a combatir las presiones inflacionarias sin necesidad de que la autoridad monetaria responda necesariamente con un incremento de su tasa de referencia.
Aquí aparece una definición importante del nuevo MEF; el titular de Economía no está planteando que el BCR cargue solo con la responsabilidad de controlar la inflación. «La política fiscal también será utilizada como instrumento para amortiguar determinados shocks externos», explicó.
La pregunta que queda abierta es cuánto tiempo puede mantenerse ese mecanismo y cuál será su verdadero costo si los precios internacionales del petróleo permanecen elevados durante un periodo prolongado.
Si hubo un anuncio que puede generar mayor preocupación entre determinados contribuyentes, fue el referido a la evasión tributaria. Cuba fue particularmente directo al hablar de profesionales independientes que generan ingresos pero no los declaran.
El ministro sostuvo que el Gobierno pondrá especial atención sobre este grupo y que la SUNAT incrementará el seguimiento de quienes tienen obligación tributaria y no cumplen con ella. La explicación entregada por Cuba permite dimensionar el problema.
De aproximadamente 18 millones de personas que conforman la fuerza laboral peruana, alrededor de cinco millones serían trabajadores formales. De ellos, unos 3,5 millones no pagan Impuesto a la Renta porque sus ingresos se encuentran por debajo del umbral establecido, mientras que alrededor de 1,5 millones sí pagan actualmente este impuesto.
Y aquí el ministro hizo una precisión políticamente importante: el Gobierno no plantea aumentar las tasas tributarias; plantea que quienes ya están obligados a pagar cumplan con hacerlo, y esto revela un cambio de enfoque.
En lugar de comenzar por aumentar impuestos, el MEF parece apostar por ampliar la base efectiva de contribuyentes mediante fiscalización, tecnología e información.
La designación de César Luna-Victoria como nuevo jefe de la SUNAT, oficializada el jueves, adquiere entonces mayor relevancia. El MEF y la administración tributaria parecen estar preparando una estrategia conjunta: más información, mayor fiscalización y menor tolerancia frente a la evasión.
La paradoja peruana: cinco millones de formales y una economía que necesita más contribuyentes
El problema que enfrenta Cuba es estructural. El Estado peruano necesita más ingresos para financiar infraestructura, seguridad, salud, educación y servicios públicos, pero elevar la carga tributaria sobre los mismos contribuyentes formales puede terminar castigando precisamente al sector que sostiene la recaudación.
Por eso la estrategia anunciada por Cuba apunta hacia otro lugar. La pregunta ya no sería cuánto más puede pagar el contribuyente formal, sino cuántos de los que actualmente generan ingresos deberían estar contribuyendo y no lo hacen.
Es una diferencia conceptual importante, y también explica por qué la lucha contra la informalidad aparece como uno de los grandes ejes de la gestión.
Cuba llega al MEF con una preocupación que ya había expresado antes de asumir el cargo: las leyes aprobadas en los últimos años que generan obligaciones permanentes para el Estado.
Al asumir, anunció que revisaría aquellas normas que pudieran comprometer la caja fiscal y advirtió que algunas podrían tener que modificarse para preservar la fortaleza de las finanzas públicas. El tema es particularmente sensible porque el Gobierno acaba de anunciar simultáneamente mayores remuneraciones, políticas sociales y diversos compromisos de inversión.
La ecuación será difícil: Más gasto para cumplir las promesas electorales, pero sin regresar a una trayectoria fiscal insostenible.
El antecedente inmediato es favorable ya que el déficit fiscal habría descendido a 1,3% del PBI a junio y que la economía mantenía una trayectoria de crecimiento. La responsabilidad de Cuba será evitar que esa mejora sea temporal.
Está probablemente será la prueba más importante de todas, antes del 30 de agosto elMEF deberá presentar el proyecto de Presupuesto Público 2027, junto con los proyectos de Endeudamiento y Equilibrio Financiero y el Marco Macroeconómico Multianual.
El presupuesto será la primera oportunidad para comprobar si los anuncios de campaña y las prioridades del nuevo gobierno pueden convivir con las reglas fiscales.
En otras palabras, el discurso de Elmer Cuba tendrá que convertirse rápidamente en números que nos digan: Cuánto se gastará, Cuánto se recaudará, Cuánto se invertirá, Cuánto se financiará con deuda, en otras palabras, aqui empiezan las metas que prometió la presidenta Fujimori, al poner a andar el reloj de su gobierno
Es una prueba
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