Agentic Commerce: El nacimiento del consumidor autónomo

En un entorno mediado por agentes, ya no basta con saber quién está del otro lado. Será necesario comprender si la acción es coherente con el mandato recibido, con el contexto de esa interacción, con los límites permitidos y con el comportamiento esperado a lo largo de la jornada.
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Vinicius Teixeira, Fraud Prevention, Risk & Trust Advisor en Feedzai (HIC)

Durante décadas, el comercio digital operó bajo una premisa simple: las personas toman decisiones y ejecutan compras. Toda la infraestructura que sostiene los pagos, la autenticación y la prevención del fraude fue construida para ese modelo. Pero esa realidad está cambiando rápidamente.

La evolución de la Inteligencia Artificial está inaugurando la era del Agentic Commerce, en la que los agentes autónomos dejan de limitarse a recomendar productos y pasan a investigar, comparar, negociar y ejecutar transacciones en nombre de consumidores y empresas.

Por primera vez, la intención económica sigue siendo humana, pero la ejecución empieza a delegarse en software.

La pregunta ya no es si los agentes autónomos comprarán en nombre de los consumidores. La pregunta es si bancos, emisores, adquirentes y proveedores de riesgo están preparados para gobernar este nuevo ecosistema.

Gartner proyecta que, para 2030, el 20% de las transacciones de comercio digital podrían ser ejecutadas por plataformas de IA con checkout dentro de la propia plataforma o por agentes autónomos. Si esta previsión se confirma, estaremos ante una de las mayores presiones sobre la infraestructura de confianza de los últimos veinte años.

Hoy, una institución financiera ya necesita administrar millones de clientes, tarjetas, dispositivos, credenciales y tokens. Ahora imaginemos un escenario en el que cada cliente pasa a tener decenas de agentes autorizados para actuar en su nombre, cada uno creado en entornos diferentes, con permisos, límites y niveles de seguridad distintos.

Cuando el software empieza a comprar

Este cambio crea un desafío fundamental para el ecosistema financiero. Durante los últimos veinte años, invertimos miles de millones para responder una pregunta:

“¿Quién está realizando esta transacción?”

En el futuro, esa pregunta seguirá siendo importante, pero ya no será suficiente.

La nueva pregunta será:

“¿Esta transacción está alineada con la intención originalmente autorizada por el cliente?”

Ese desplazamiento parece sutil, pero cambia profundamente la lógica de la confianza. En un entorno mediado por agentes, ya no basta con saber quién está del otro lado. Será necesario comprender si la acción es coherente con el mandato recibido, con el contexto de esa interacción, con los límites permitidos y con el comportamiento esperado a lo largo de la jornada.

En otras palabras, estamos migrando de una economía basada en identidad hacia una economía basada en intención.

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