El optimismo se enfría: El Niño e inseguridad ponen a prueba promesa económica de Keiko

La confianza empresarial continúa en terreno positivo, pero el entusiasmo que acompañó al cambio de gobierno perdió fuerza en agosto. Los empresarios empiezan a mirar menos las promesas y más la capacidad del nuevo Ejecutivo para enfrentar los riesgos que pueden golpear la producción, la inversión y el empleo.
CONFIANZA KEIKO_2026

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El mercado empresarial peruano acaba de enviar una señal que el Gobierno de Keiko Fujimori debería leer con atención: la confianza no se ha perdido, pero la paciencia comienza a tener precio.

La Encuesta de Expectativas Macroeconómicas del Banco Central de Reserva (BCRP) correspondiente a agosto muestra una economía empresarial todavía instalada en terreno optimista, pero bastante menos entusiasmada que un mes atrás. Después del fuerte salto registrado en julio, cuando el triunfo electoral y el inicio del nuevo gobierno alimentaron expectativas de estabilidad política y recuperación de la inversión, agosto trajo una dosis de realidad.

El índice de expectativa sobre la economía peruana a tres meses cayó de 62,3 puntos en julio a 57,3 en agosto. A doce meses pasó de 72,1 a 68,1 puntos. La expectativa sobre el desempeño del sector también retrocedió: de 58,6 a 56,5 puntos a tres meses, mientras que a doce meses bajó ligeramente a 67,3 puntos. Lo relevante es que algunos de estos indicadores regresaron a niveles observados en junio. El mensaje es claro: la luna de miel empresarial con el nuevo gobierno se está moderando.

No significa que el empresariado haya dejado de confiar en el Perú. Por el contrario, de los 18 indicadores evaluados por el BCRP, 17 permanecieron en terreno optimista y los indicadores de situación actual incluso mejoraron durante agosto. La diferencia está entre el presente y el futuro. El presente luce razonablemente bien. El futuro inmediato comienza a preocupar.

De la esperanza electoral a la prueba de gestión

La explicación del entusiasmo de julio no era difícil de encontrar. Después de años de incertidumbre política, sucesivos gobiernos débiles y una relación deteriorada entre Ejecutivo, Congreso y sector privado, la llegada de un gobierno que prometía mayor estabilidad generó una reacción positiva. El nombramiento de Elmer Cuba en el Ministerio de Economía y Finanzas y la continuidad de Julio Velarde al frente del BCRP reforzaron esa percepción.

El economista Hugo Perea, de BBVA Research, resumió el fenómeno señalando que la expectativa de contar con un gobierno capaz de culminar su mandato y con un cuadro tecnocrático más adecuado había disparado el optimismo empresarial. Fue, en buena medida, un voto económico de confianza.

Pero los mercados financieros y las empresas suelen tener una virtud incómoda: celebran rápidamente las buenas señales y también las descuentan rápidamente cuando no aparecen resultados. La encuesta de agosto muestra precisamente ese tránsito.

El Gobierno ya no está siendo evaluado únicamente por quién ocupa Palacio de Gobierno o el Ministerio de Economía. Está empezando a ser evaluado por qué hace con la economía que recibió. Y allí aparecen dos amenazas que no estaban en el centro de la conversación empresarial inmediatamente después de las elecciones: El Niño y la inseguridad.

El Niño cambia el cálculo empresarial

El fenómeno climático dejó de ser una posibilidad abstracta para convertirse en un riesgo económico concreto. La preocupación empresarial tiene lógica. Un Niño más intenso puede afectar carreteras, puentes, agricultura, pesca, comercio, logística, infraestructura urbana y empleo. No es solamente un problema meteorológico: es un shock potencial sobre las cadenas de producción.

Hugo Perea advirtió que las empresas están incorporando en sus decisiones la posibilidad de que los próximos meses sean más complicados debido al fenómeno climático. La preocupación aumenta porque buena parte de las obras preventivas no se ejecutaron con la velocidad esperada. Los datos disponibles explican esa cautela.

Según información reportada por Reuters, las autoridades estiman que aproximadamente 1,2 millones de personas podrían verse afectadas por El Niño. Se han identificado 536 puntos críticos y el fenómeno podría intensificarse desde noviembre, con especial impacto en al menos diez regiones vulnerables a inundaciones y deslizamientos. Agricultura y pesca aparecen entre las actividades más expuestas.

Para una empresa, esto se traduce en algo muy concreto: más riesgo, mayores costos y menor visibilidad sobre las ventas futuras. Y la encuesta del BCRP ya recoge parte de ese temor. La expectativa sobre los precios de los insumos a tres meses aumentó de 58,6 a 60,9 puntos, mientras que la expectativa sobre los precios de venta subió de 57 a 58,5 puntos. Es una señal que merece atención.

La otra bomba: inseguridad

Pero hay una amenaza que no depende del clima. Es la delincuencia.

El empresariado peruano no solo necesita carreteras, energía y financiamiento. Necesita poder transportar mercancías sin pagar cupos, abrir un negocio sin temor a extorsiones y mantener a sus trabajadores seguros. La inseguridad empieza a convertirse en una variable económica.

Perea sostuvo que la reiteración de episodios de extorsión y pérdida de vidas puede haber erosionado la confianza empresarial, aunque reconoció que el nuevo Gobierno lleva poco tiempo en funciones. La dificultad para Fujimori es que la promesa central de su campaña fue precisamente devolver el orden.

Durante agosto, la administración tuvo que enfrentar las protestas del transporte y una ola de demandas vinculadas a la seguridad. El Gobierno desplegó el denominado Plan Escudo, con más de 4.000 policías apoyados por militares, mientras persistían los ataques contra transportistas.

Para los empresarios, el problema no se mide solamente en homicidios. Se mide en seguros más caros, rutas que dejan de ser rentables, trabajadores que no quieren desplazarse, negocios que reducen horarios y empresas que deben gastar recursos en seguridad privada. La inseguridad es, en términos económicos, un impuesto invisible. Y ese impuesto reduce productividad, inversión y competitividad.

La inversión privada todavía resiste

Hay, sin embargo, una buena noticia que impide interpretar la encuesta como el comienzo de una nueva crisis de confianza. La inversión privada no se ha detenido.

Juan Carlos Odar ha señalado que la inversión privada continúa expandiéndose y que una señal de ello aparece en las importaciones de bienes de capital. También espera un mayor dinamismo de la inversión pública durante la segunda mitad del año, especialmente conforme se aceleren las obras relacionadas con la prevención de El Niño.

Esta diferencia es fundamental. Una cosa es que las empresas sean más cautelosas sobre los próximos tres meses y otra muy distinta que hayan cancelado sus proyectos.

Por ahora, el escenario parece ser el primero. El empresariado peruano está diciendo al Gobierno: “seguimos apostando, pero queremos ver resultados”. Ese matiz es probablemente la conclusión más importante de la encuesta.

El mercado empieza a separar el discurso de la realidad

El caso de El Niño ofrece una primera prueba. El Gobierno sabe que el fenómeno se intensificará hacia finales de año. Las empresas también lo saben. El problema es determinar si el Estado llegará antes que las lluvias. Si las obras preventivas avanzan, el Gobierno podrá convertir una amenaza en una oportunidad para acelerar inversión pública, reconstrucción e infraestructura. Si llegan tarde, el mismo fenómeno podría convertirse en un freno al crecimiento.

La inseguridad representa una prueba todavía más política. La administración Fujimori llegó prometiendo orden. Por ello, cada asesinato de un transportista, cada extorsión y cada ataque contra un negocio tiene un costo político mayor para el Gobierno que para cualquier administración que no haya construido su identidad sobre esa promesa. Y los empresarios lo están observando.

El mensaje del BCR: todavía hay confianza, pero ya no hay cheque en blanco

La encuesta de agosto no anuncia el regreso del pesimismo empresarial, anuncia algo más sutil: el fin del entusiasmo automático.

Después del shock positivo de julio, los empresarios empiezan a ajustar sus expectativas a la realidad. La economía sigue creciendo, las ventas mejoran, la inversión privada continúa mostrando señales favorables y la mayoría de indicadores permanece por encima del umbral optimista.

Pero el margen de error se está reduciendo. El Gobierno recibió un activo extraordinariamente valioso: la confianza inicial del sector privado. Ahora tiene que convertirla en inversión. Y para conseguirlo tendrá que demostrar que puede hacer algo que los gobiernos peruanos de los últimos años no lograron con consistencia: transformar estabilidad política en crecimiento económico sostenible.

El Niño y la inseguridad serán las primeras pruebas. La respuesta determinará si el retroceso de agosto fue apenas una pausa después de la euforia electoral o el comienzo de una tendencia más incómoda. Por ahora, el mensaje de las empresas parece ser bastante preciso: Todavía confiamos en el Perú. Pero ya no estamos comprando solamente prom

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Es una prueba
 
Miguel Ángel Hurtado
Analista Financiero
Experto en ciencias Económicas y Financieras con estudios de Postgrado en la Universidad del Pacífico. Amplio conocimiento y experiencia en periodismo especializado como Editor de Economía y Negocios, y Director de Tecnología, en medios de comunicación -nacionales y extranjeros- de primer nivel. Consultor en Bolsa y Finanzas y Estrategia Comunicacional.

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