

Sin embargo, más allá de la dispersión de los bloques temáticos, el verdadero eje político y programático de la jornada se concentró en el bloque económico, donde el exministro Luis Carranza (Fuerza Popular) consolidó el mensaje más claro, contundente y con mayor peso político de la noche.
Mientras el equipo de Fuerza Popular (FP) se apegó de forma disciplinada al guion de su plan de gobierno, la delegación de Juntos por el Perú (JP) pareció transitar por una delgada línea entre el pragmatismo electoral y la contradicción ideológica, ensayando discursos marcadamente alejados de sus matrices programáticas tradicionales con el fin de matizar sus propuestas más radicales y capturar el esquivo voto del centro.
La tensión en los exteriores del JNE reflejaba el último simulacro de votación de Datum, que sitúa a Keiko Fujimori con una ventaja competitiva, revirtiendo la tendencia de antivoto que arrastraba el fujimorismo a inicios de año. Horas antes del debate, la lideresa de Fuerza Popular ofreció declaraciones optimistas, ratificando que su equipo técnico demostraría una «visión de orden, predictibilidad y experiencia de gestión» para el país.
En la acera opuesta, el ambiente en los días previos estuvo marcado por los reajustes de última hora en el comando de Juntos por el Perú. La campaña de Roberto Sánchez ha intentado ensanchar sus bases convocando a técnicos de diversas facciones del progresismo, un esfuerzo de agregación que, a la luz de lo visto anoche, careció de una articulación orgánica.
Llamó poderosamente la atención de la prensa la ausencia del propio Sánchez en las actividades oficiales previas, coincidiendo con la organización de un mitin improvisado en paralelo. En los pasillos políticos se interpretó este repliegue como un intento deliberado de blindar la campaña y mantener alejados de los reflectores mediáticos a personajes altamente cuestionados como el ex fiscal José Domingo Pérez y a las cuestionadas vicepresidentas de la plancha, evitando flancos débiles en un momento donde la moderación es la consigna obligatoria.
El bloque de Economía y Empleo fue el punto de quiebre de la noche. Luis Carranza no solo exhibió solvencia técnica, sino que manejó los tiempos políticos con una claridad que desarmó la estrategia de su contraparte, Pedro Francke.
Carranza estructuró su presentación en tres pilares de rápida digestión para el electorado: la urgencia de recuperar la disciplina fiscal para frenar la inflación, la reactivación de los grandes proyectos mineros e de infraestructura como motores inmediatos de empleo formal masivo, y la descentralización del presupuesto para que el canon llegue directamente a las familias. Su discurso no fue meramente macroeconómico; tuvo un fuerte componente político al contraponer la «predictibilidad y confianza» que genera su plan frente al «experimento ideológico» que, según argumentó, representa JP.
Ante la contundencia de Carranza, Pedro Francke se vio obligado a realizar una serie de piruetas discursivas para proyectar una imagen de izquierda moderada y responsable. Francke ofreció un mensaje de ortodoxia, casi ensayando una disculpa ante los mercados e intentando asegurar que no habrá estatizaciones ni descalabros financieros. Sin embargo, este esfuerzo casi desesperado por sonar centrista terminó jugando en su contra: para los analistas, proponer medidas basadas en la estabilidad fiscal del libre mercado contradice abiertamente la esencia comunista y de planificación centralizada del programa original de gobierno de JP. Francke lució arrinconado por la claridad de Carranza, teniendo que defender postulados contrarios a los principios ideológicos de su propia coalición para no espantar al votante medio.

La solvencia mostrada por FP en el eje económico se replicó en otras áreas, exponiendo la falta de cohesión de los técnicos de izquierda, quienes parecían convocados a última hora sin una articulación orgánica:
Juventud y Deporte: El intercambio entre Rosangella Barbarán (FP) y Ernesto Zunini (JP) dejó en evidencia las fisuras de la izquierda. Barbarán arremetió políticamente al cuestionar la coherencia de Juntos por el Perú, recordándole al país su alineamiento legislativo con polémicas contrarreformas penales (las denominadas leyes «procrimen»). Zunini quedó sin margen de respuesta, refugiándose en la propuesta de los Panamericanos Lima 2027 pero evidenciando la desconexión entre el discurso de su equipo técnico y el historial de su bancada.
Reforma del Estado y Salud: Mientras Vladimiro Huaroc y José Recoba (FP) mantuvieron la línea programática de sus planes de infraestructura y descentralización, figuras como Sinesio López y Hernando Cevallos (JP) ensayaron discursos marcadamente más tibios y reformistas que las tesis refundacionales que sus partidos defendían apenas unos meses atrás.
El debate técnico dejó una lección clara: en el tramo final de una campaña, la coherencia se premia y la improvisación se castiga. Fuerza Popular logró exhibir un bloque homogéneo, apuntalado por un Luis Carranza que se erigió como el participante más claro y político de la jornada, devolviendo la campaña al terreno de la predictibilidad económica.
Por el contrario, Juntos por el Perú pagó el precio de una convocatoria apresurada. Al intentar contentar al electorado moderado prometiendo cosas contrarias a sus principios fundacionales y escondiendo a sus figuras más polarizantes, la candidatura de Roberto Sánchez corre el riesgo de desdibujarse: perdiendo la identidad de su propuesta original sin lograr convencer a un centro que anoche vio en Carranza una propuesta mucho más sólida y definida.
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